El caso de Chile

Jorge Basadre, el “Arquitecto de la historia”, entregó en 1979 un ensayo indispensable para que los peruanos reflexionen acerca del éxito político del vecino del sur. Un texto inédito que no se debe dejar de leer.

Redacción: | Bicentenario | Publicado el: 03/05/2017 18:05
El caso de Chile

Chile fue un caso tal vez no igualado, de un país hispanoamericano que logró desde 1833, al cabo de un periodo de transición de doce años, evitar los extremos de anarquía y tiranía con un sistema político que no tenía la dificultad de los mecanismos y de la retórica de un liberalismo exótico. El país, largo y angosto, se ha dicho que es una espada colgada en el flanco sur del Pacífico americano, tenía cierta cohesión ecológica alrededor de la zona agrícola central.

En la clase terrateniente se habían infiltrado sectores comerciantes formados por gente llegada del norte de España o sea del país vasco y la élite burguesa dueña de la tierra y de la actividad comercial, representaba un espectro de intereses económicos moderadamente distintos, o sea no antagónicos con dos focos, Santiago y Concepción, no muy alejados entre sí. La guerra de la independencia terminó allí en tiempo breve sin dejar conflictos con los países vecinos. Argentina separada por los Andes y Bolivia y Perú alejados por el desierto. No fueron necesarias tropas de ocupación para terminar esa contienda.

El Perú era más grande, más complejo, más heterogéneo, geográfica y racialmente. Después de Ayacucho tuvo conflictos bélicos con Bolivia (1828) y con la Gran Colombia (1829) y a partir de este último año afrontó las intrigas de Santa Cruz, elegido presidente de la república del altiplano pero ansioso de hacer de ella, según sus propias palabras, una “nueva Macedonia”.

Bajo la inspiración de Diego Portales, que no era intelectual ni guerrero, Chile logró identificar y coordinar los intereses de la clase dirigente dentro de un sistema dotado del aura de la legitimidad. La dictadura portalsana llegó a convertirse en una serie de instituciones legales  por una inteligente aristocracia, en la que destacaron Mariano Iguña y Manuel José Gandarillas. Sin esta legitimación la obra de Portales habría desaparecido. La constitución centralista de 1833 creó un poder ejecutivo fuerte sin quitar al congreso y a los jueces su poder de contrapeso.

Legalizada la reelección presidencial, solo tres hombres se sucedieron en el mando, desde 1830 hasta 1860, con períodos de diez años de gobierno: Prieto, Bulnes y Montt. Así fue recreada la estructura del antiguo estado patrimonial español solo con concesiones mínimas al constitucionalismo anglo-francés y sin caer en el caudillaje que imperó en otras de nuestras repúblicas.

Al lado de la severa y perdurable carta chilena de 1833, las peruanas de 1828, 1834 y aún la de 1839 resultaron teóricas, idealistas, inoperantes. El descontento de los intelectuales autoritarios frente al constitucionalismo liberal tuvo una de sus mejores expresiones en el periódico La Verdad de 1832 y 1833.

Si entre 1830 y 1833 pudo parecer quizás que el Perú iba a alcanzar alguna estabilidad, el resultado obtenido en la elección llevada a cabo por la convención nacional implicó el comienzo de un nuevo período de estruendo, zozobra y congoja. Pese a su buena intención y a su elevación moral, los liberales no le dieron al país progreso ni paz, ni en 1823, ni en 1828, ni en 1834, ni en 1857, ni en 1859, ni en 1867. Los autoritarios también vieron frustrarse sus esperanzas en 1822, 1826, 1834, 1841, 1843 y después.

El “estado en forma” parece emerger en el Perú sobre bases realistas y no doctrinarias solamente en intermitentes y fugaces oportunidades a lo largo del siglo XIX. Podemos y debemos exaltar los quilates éticos e intelectuales de los hombres que, formaron el grupo dirigente del primer liberalismo peruano y de quienes siguen sus huellas más tarde. Podemos y debemos admirar los valores fundamentales que ellos defendieron: el sentido de la dignidad humana, la ilusión de un Perú que súbitamente debía volverse limpio y libre. A pesar de todo, ha de reconocerse que el método, el procedimiento y aún varias entre las fórmulas mismas escogidas por los liberales, no produjeron favorables resultados en el siglo XIX.

*Tomado del libro “Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano” de Jorge Basadre.

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El día que apedrearon a Basadre

El 15 de mayo de 1926, el historiador, quien integraba la delegación peruana enviada al sur para organizar la realización del plebiscito en Tacna y Arica, fue atacado por una turba de bandoleros chilenos.