El tormento de Tupac Amaru

El investigador Charles Walker, profesor de la Universidad de California, desnuda los padecimientos que sufrió el líder de la mayor rebelión que se dio en Hispanoamérica durante el siglo XVIII.

Redacción: | Bicentenario | Publicado el: 15/02/2017 17:02
El tormento de Tupac Amaru

El 29 de abril, Mata Linares entró a la celda del líder rebelde. Le pidió reconsiderar su negativa a nombrar a los cómplices en Lima y el Cuzco, y a aquellos con quienes tenía correspondencia, y luego le planteó preguntas más específicas: si era verdad que había estado planeando el levantamiento por cinco años; si lo había mencionado cuando se le tomó la confesión; si se había pronunciado contra los repartimientos en Lima, fomentando la rebelión; y si Mariano Barrera le había escrito a él acerca de una revuelta cuando estuvo en Lima, mencionándole que ya tenía “cuatro provincias ganadas para avanzar a esta ciudad del Cuzco y destruir a los chapetones”. Las autoridades estaban preocupadas de que si la rebelión tenía raíces en Lima -que no las tenía-, esta podría revivir incluso después de la ejecución de los líderes. Tupac Amaru solo reconocía que se había quejado con su confesor acerca de las “extorsiones” y maltratos a los indios; los curas lo habían instruido para que “lo dejase todo a Dios”. Mata Linares le pidió varias veces responder a las preguntas, lo que Tupac Amaru rehusó hacer, y entonces el juez declaró que la obstinación del acusado lo forzaba a recurrir a la tortura. Declaró que si Tupac Amaru tenía una pierna o un brazo roto, o si moría, era su culpa no de Mata Linares.

El verdugo hizo que Tupac Amaru se pusiera una bata gruesa y ató sus piernas juntas y sus brazos en la espalda. Sujetó firmemente una cuerda a sus muñecas y la deslizó a través de una polea en el techo. Añadió “cien libras de hierro, poco más o menos” a sus piernas y lo levantó alrededor de dos metros desde el piso. Ello ponía toda la presión sobre las articulaciones internas de los hombros; en la mayoría de los casos, los dislocaba. Nuevamente, Mata Linares preguntó a Tupac Amaru por sus cómplices, específicamente por las personas a las que había escrito en el Cuzco, y cuando se rehusó a responder, el verdugo lo elevó aún más, cerca del techo, y lo soltó, volviendo a sostener la cuerda justo antes de que golpeara el piso. De acuerdo con una historia de la tortura,

… la conmoción para el cuerpo, de esta caída interrumpida de repente, era suficiente para sacudir todos los huesos, las articulaciones y los nervios en el sistema. En la mayoría de los casos implicaba dislocación. El proceso se repitió una y otra vez hasta que el culpable confesaba o perdía el conocimiento.

En el caso de Tupac Amaru, duró por media hora: treinta minutos de insoportable dolor.

Un secretario transcribió los alaridos de Tupac Amaru, provocados por el dolor de entrañas, y sus súplicas de misericordia. Los regímenes de tortura modernos no proveen tal registro. Los gemidos, súplicas y exclamaciones breves indican un hombre en paralizante agonía, que no puede completar una oración. Comienza:

… ay, ay, ay, misericordia Señor, ay, ay, ya estoy perdido vuestra señoría, vuestra señoría, ay, ay, nada más, no, ay más, no ay, más, los indios, por María Santísima vuestra señoría, vuestra señoría, ay, ay, ay, no ay más, no he tratado con nadie, mira vuestra señoría por María Santísima, vuestra señoría, vuestra señoría, por el rosario de María Santísima, quíteme la vida que había de remediar, por María Santísima, ay, vuestra señoría tendrá que dar cuenta a Dios, vuestra señoría por María Santísima ay misericordioso, quíteme la vida no he tenido…

Estos constituyen, más o menos, los primeros cinco minutos de la sesión de tortura. Estos lastimeros gemidos y súplicas por piedad continuaron; Tupac Amaru era elevado hasta arriba y luego soltado repetidamente, hasta “habiendo llegado un reloj que estaba sobre la mesa a señalar la media hora”. Tupac Amaru no nombró a nadie, excepto a la Virgen María, a Jesús y a José. La brutal e implacable combinación del lento ascenso, el peso completo de la parte superior de su cuerpo, la repentina caída libre y el súbito detenerse, presumiblemente le luxaron ambos hombros y probablemente rompieron algunos huesos. Un recuento simpatizante con los rebeldes, escrito solo pocos años después, enfatiza cómo Tupac Amaru se resistió a dar nombres o admitir su culpa, y gruñó a Areche: “V.S. y yo somos los únicos causantes de la sangre que se está derramando: V.S. por haber oprimido el Reyno con contribuciones excesivas, y nuevos Impuestos, y yo por quererlo libertar de tales tiranías y vejaciones”.

*Tomado del libro “La rebelión de Tupac Amaru” de Charles Walker.

 
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