¿Por qué ganó el No en Colombia?

Un enfoque diferente y polémico sobre la reciente decisión de la mayoría colombiana en torno al Acuerdo de Paz. ¿Usted qué opina?

Redacción: ​Halinisky Sanchez Meneses (*) | Hechos | Publicado el: 04/10/2016 15:10
 ¿Por qué ganó el No en Colombia?

Uno de los errores más comunes de los gobiernos frente a la feligresía cristiana es creer que la Iglesia Cristiana es homogénea. El cristianismo es heterogéneo. Los cristianos son católicos, protestantes, menonitas, evangélicos, ortodoxos, entre otros. 

Colombia fue colonizada por el catolicismo romano, todos conocen la historia. Para bien o para mal el catolicismo delineó la moral y la ética pública de las mayorías colombianas.

Pero no solo los católicos existen en Colombia. En los albores de la república, el general Santander pretendió promover el protestantismo, incluso en 1825 se quiso generar una política pública de alfabetización en cabeza de misioneros ingleses. El catolicismo rápidamente sofocó esta idea.

A lo largo de la historia, los otros cristianos, los evangélicos, que se agrupan en diversos grupos, con semejanzas y hondas diferencias, irrumpieron en no pocas oportunidades al territorio nacional colombiano. Se tiene noticia de que la Iglesia Bautista de San Andrés fue el primer templo evangélico en Colombia, data de 1847.

¿Pero quiénes son los evangélicos?

En el pasado, el catolicismo romano los calificó de herejes y enemigos de la sacro santa iglesia romana. Los comunistas los tildaron de agentes del imperialismo y la élite criolla, que ha gobernado por más de doscientos años, los ha considerado ignorantes, retrógrados, brutos y fanáticos religiosos.

Esta minoría fue creciendo silenciosamente en el campo y en las clases obreras colombianas, con su cosmovisión del mundo y su interpretación única de las Escrituras. Fueron perseguidos por la iglesia católica férreamente, bajo el auspicio de la constitución confesional de 1886, y asesinados cruelmente por las guerrillas marxistas a lo largo del territorio nacional.

No es un dato menor el hecho de que Colombia ocupa el puesto 46 en el ranking mundial de países que persiguen a los cristianos, según cifras de la prensa protestante. Aunque no existen estadísticas oficiales, se tiene noticia de cientos de pastores asesinados por los grupos al margen de la ley en Colombia. Es una población víctima y re-victimizada por procesos de invisibilización y matoneo histórico.

Se dieron a conocer políticamente por primera vez en 1990 con la Asamblea Constituyente en el que se eligieron varios asambleístas que garantizaron la libertad de culto como derecho fundamental. Es gracias a esta nueva realidad constitucional que creció exponencialmente el cristianismo evangélico en todas sus confesiones. Hoy son una de las minorías de más grande crecimiento. Cifras oficiales dan cuenta que alrededor de 10 millones de colombianos se consideran cristianos evangélicos.

Los evangélicos tienen unos inmóvibles morales, como lo son el respeto a la vida, el valor de la familia monógama heterosexual, la libertad personal, la propiedad privada, la solidaria comunitaria y la libertad de cultos. Y fue precisamente por esta población de respetables ciudadanos que el presidente Santos perdió su plebiscito con el que pretendía legitimar su acuerdo de paz con las FARC. 

Los cristianos no son uribistas, ni brutos, ni retrógrados, ni ignorantes, como lo cree el gobierno. Fue la actitud de soberbia y terquedad que llevó al gobierno a creer que podía ganar el plebiscito sin una minoría que tiene un potencial de diez millones de votos.

El 11 de agosto de 2016, en las multitudinarias marchas, los evangélicos le dieron un claro mensaje al gobierno Santos: no aceptaremos unos acuerdos de paz que cuestionen nuestra visión monógama y heterosexual de la familia, existimos, escúchenos. Pero el presidente Santos embriagado de poder, los subestimó.

No contento con ello, implemento la ideología de género bajo el eufemismo de contexto de género. ¿De verdad creyó Juan Manuel Santos y las Farc de que los evangélicos le iban a votar un acuerdo donde 140 veces se menciona los movimientos LGTB en el contexto de política pública? Y a los evangélicos ni una sola vez.

Existe una oprobiosa discriminación entre las minorías en Colombia. Las minorías de élite como lo es la LGTB gozan de todas las garantías, apoyo y respaldo de gobierno. Los demás como los evangélicos, judíos, gitanos, musulmanes, afros son de segunda clase y las élites gobernantes les dan trato de segunda clase.

Se le dijo hasta la saciedad al presidente Santos que no se expusiera con tan baja favorabilidad a un mecanismo de participación ciudadana, menosprecio a 10 millones de evangélicos y se la jugó por Colombia Diversa.

La élite bogotana sigue creyendo que somos una sociedad laica, ¡pero no!: somos un país rural, proletario, conservador, culturalmente cristiano, ojala vivencialmente, pero eso somos, culturalmente cristianos. 

El gobierno se rodeó de Claudia López, Benedetti, y Gina Parody, y no solo con ellos se puede pacificar al país. Diez millones de andrajosos evangélicos,  “retrógrados”, “fanáticos” y “medievales” también tienen cedula y la saben usar muy bien. Quedó demostrado el 02 de octubre de 2016.

(*) Tomado de la web www.las2orillas.co

 

 

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