Carta de un GEIN a Benedicto Jiménez

Pocos días después del 24 aniversario de la captura de Abimael Guzmán, un integrante del GEIN, grupo policial que atrapó al senderista, envia un emotivo mensaje a Benedicto Jimenez.

Redacción: José Luis Gil Becerra | Hechos | Publicado el: 20/09/2016 22:09
Carta de un GEIN a Benedicto Jiménez

Buenos días, Benedicto. Te saludo en nombre del pueblo peruano, de ese pueblo que, confío, aún tiene memoria…

Buenos días amigo, allí donde te encuentres, la celda fría, los barrotes, la soledad, la oscuridad, la tristeza y los dolores de alma que seguramente tu agudeza y sensibilidad deben haber palpado amargamente en estos meses de encierro…

Buenos días, estimado jefe, cuyo recuerdo de la nobleza combinada con inteligencia, de tu paciencia infinita aunada a la eficacia, y tus sueños ligados al trabajo, nunca olvidaré.

Te saludo en nombre de mis compañeros, de los que quisieran escribir pero no pueden, de los que pueden y no deben y de los que deben pero no saben cómo hacerlo, para compartir algunas reflexiones frente a este momento en que la adversidad te ha tocado el alma, en que la dureza de la justicia reclama tu encierro y ve lejana tu liberad, en  este momento en el que se ponen a prueba las amistades, las lealtades, la solidaridad, el amor al prójimo, el respeto y la consideración a la persona que nos guió por ese camino de paz, en el que hoy millones de peruanos transitan, incluso, los que siempre la combatieron y perturbaron.

Empezaré por la amistad para decirte que considero que ella no tiene grados, niveles, dimensiones, y que solo se entrega, y no se pide nada a cambio de ella; así es la amistad verdadera, aquella que no se arroga la divina tarea hacer lo que seguramente Dios hará al final de los tiempos, juzgar; la amistad que tampoco recurre a la dama vendada que tiene la balanza en las manos, de cuyo mayor o menor peso en uno de los platillos, dependerá la libertad o el encierro de las personas, porque los únicos que pueden invocarla, son los jueces; aquella amistad que no se pone terno ni medalla con cinta blanca para auscultar tus actos, porque nadie puede ni debe quitarle esa chamba al fiscal.

La amistad tampoco es complicidad, contubernio, silencio cómplice, mirada al costado o sonrisa de medio labio; la amistad, es aquella que  compartiste siempre con nosotros, con la mirada limpia, con las manos blancas, con la inteligencia y habilidad como arma para hacer el trabajo, con la única complicidad que nos dio el sublime objetivo de darle a nuestro país, el legítimo derecho de vivir en paz; esa es nuestra amistad.

La amistad no nace de la sonrisa barata, de la lisonja, de la trivialidad; la amistad nace de la admiración y del respeto por el trabajo que hace el otro, nace de la convicción que aquel que crece,  crece para bien, la amistad no tiene trabas, acertijos, enredos, y sirve a lo inconmensurable del espíritu bondadoso, de entrega, de paz y de amor.

Por eso, querido amigo, te pido que tengas más fuerzas, más paciencia, más calma  y que confíes en la justicia, que con todos sus defectos, siempre le dimos vidas equivocadas para que los juzgue, y confiamos que también lo haga contigo, porque te conocemos, porque sabemos que no andas por ahí buscando mafiosos para aliarte, los que te conocemos sabemos que no eres así; por eso, a seguir luchando, desde allá y por aquí también, con oraciones, con ideas, con estrategias, porque, tarde o temprano, la verdad se abrirá paso, y nosotros te estaremos esperando con los brazos abiertos, en esta parte de nuestras vidas, en el atardecer….

Con cariño y respeto y amistad,

Delfin Sorel

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