Así se formó el grupo que capturó a Abimael Guzmán

Esta es la historia poco conocida sobre la formación del GEIN, el grupo de policías que capturó a Abimael Guzmán hace 24 años.

Redacción: Victor Tipe Sánchez | Bicentenario | Publicado el: 08/09/2016 14:09
Así se formó el grupo que capturó a Abimael Guzmán

Esa era la dramática situación a inicios de la década de 1990, cuando Benedicto Jiménez Bacca retornó a su puesto luego de seguir un curso en la Escuela de la Policía. En su unidad encontró un clima cargado. Los superiores le dijeron que sus servicios eran innecesarios y anunciaron su cambio. El mayor recibió la noticia con frustración y rabia, sintiéndose incomprendido. Tenía una posición clara contra los métodos y técnicas seguidos hasta el momento en la investigación sobre casos de terrorismo. Pensaba que existían otras posibilidades para vencer a la subversión y trataba de probarlo, pero la oposición de los jefes hacía caer en saco roto todos sus esfuerzos. La última semana de enero encontró a Jiménez Bacca en una situación incierta. Los roces verbales con sus superiores eran insostenibles y había sufrido, incluso, ofensas personales.

Por esos días estaba de vacaciones en Lima el teniente Bonilla, quien había sido destacado a Chiclayo desde 1989, después de haber servido en Delta 5 y Delta 8 durante los tres años anteriores, bajo el mando del propio Jiménez Bacca. El joven oficial buscó a su antiguo jefe para pedirle que lo ayude a retornar a la Dircote, pero se enteró de las dificultades.

Jiménez Bacca le explicó la situación y esbozó sus ideas sobre la metodología de investigación que iba ideando en la lucha contra la subversión. Sentado en un café, al que acostumbraban ir años atrás, Bonilla escuchó la propuesta convenciéndose de que la nueva teoría podía dar resultado y dijo estar dispuesto a seguirlo en caso de poner en práctica el método. Pero el tiempo avanzaba y, en cualquier momento, saldría el cambio de Jiménez Bacca a otra unidad en provincias.

El problema principal era cómo convencer a los máximos jefes policiales sobre la bondad del proyecto. Buscar un camino para llegar hacia ellos y exponer la idea. Entonces ambos resolvieron buscar al director superior de la Policía de Investigaciones, Fernando Reyes Roca. El plan era pedir una audiencia para despedirse y aprovechar la ocasión. Jiménez Bacca tenía cierta amistad con Reyes Roca, quien había sido su jefe directo en la propia Dircote.

—¿Qué te sucede, Jiménez? —preguntó Reyes Roca apenas lo vio entrar en su oficina.

El mayor explicó su situación y pidió permiso para detallar su propuesta. Sentado en su silla, detrás de su enorme escritorio, el general asintió con la cabeza y lo miró. Jiménez Bacca expuso sus argumentos y sustentó el nuevo método de investigación que tenía planificado. Reyes Roca lo escuchó atentamente y luego de media hora estaba convencido de que la iniciativa era aceptable.

—Tú, te quedas. ¿Qué es lo que necesitas para empezar tu trabajo? —dijo.

Jiménez Bacca solicitó un personal mínimo, lo cual fue aceptado de inmediato, y puso manos a la obra. El equipo inicial fue formado por el Chino Joe, Coco Luna y Bonilla. Un capitán conocido con el apelativo de Forfay fue designado coordinador. Un suboficial cuyo sobrenombre era Truquini asumió el cargo de asistente y chofer. A los pocos días el Charapa fue convocado y, semanas después, entró el mayor Marco Miyashiro, quien, asimismo, había retornado de su curso de Estado Mayor a principios de año y, en esos momentos, ocupaba la jefatura de investigaciones especiales. En los meses siguientes se agregaría otro mayor, Luis Valencia Hirano.

Miyashiro mantenía buena amistad con Jiménez Bacca y, desde que el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) comenzó a funcionar, le brindó apoyo hasta que fue convencido de formar parte del equipo. Era más antiguo y, por lo tanto, le correspondía la jefatura, pero, sin egoísmo, cedió el lugar a Jiménez Bacca por ser inspirador del grupo. El coronel Manuel Tumba Ortega, jefe de Estado Mayor de la Dircote, asesinado dos años después, fue encargado de brindar el apoyo para las cuestiones administrativas, como pago de personal y viáticos, compra de revistas, libros y otros aspectos similares. El nuevo grupo tenía la orden estricta de dar cuenta de la labor al propio Reyes Roca.

Enterado de la creación de la nueva sección, uno de los jefes de la Dircote hizo formar a todo el personal en el patio del viejo local de la avenida España, al costado de la Prefectura de Lima. Con tono agrio, lanzó un discurso amenazante, atacando sin nombrar a los integrantes del nuevo grupo.

—Son unos traidores y pasarán al basurero de la historia —dijo exasperado el oficial.

Los aludidos escucharon con una mezcla de indignación e impotencia, pero mantuvieron absoluto silencio. La agresión verbal no detuvo los planes y los preparativos continuaron. Ocuparon una pequeña oficina en el desvencijado tercer piso de un nuevo edificio en construcción, al frente de la Dircote. Al comenzar, los detectives solo tenían un par de sillas y un escritorio viejo. Era un ambiente desolado y casi lúgubre, afeado por ventanas sin vidrios, cubiertas por planchas de triplay. Una sola bombilla sin interruptor alumbraba; para apagar la luz había que aflojar el propio foco. A falta de sillas, los detectives colocaban en rumas las cajas de atestados para sentarse. En realidad, el edificio estaba desocupado en su mayor parte y los pisos superiores estaban a medio construir.

El 5 de marzo de 1990, el GEIN quedó constituido oficialmente. Los primeros días fueron bastante difíciles para estos detectives que no contaban aún con el apoyo logístico indispensable. Carecían de vehículos, no tenían ni un teléfono y les faltaba hasta la papelería necesaria. Hacía los seguimientos a pie y cuando requerían hacer llamadas debían ir a las oficinas cercanas a pedir prestado el teléfono de otras dependencias.

La rutina de los detectives del GEIN comenzó a ser diferente a la de las demás unidades de la Policía de Investigaciones que, por entonces, comenzó a llamarse Policía Técnica. Los detectives pertenecientes a otras divisiones los miraban con una mezcla de curiosidad y extrañeza. Los veían llenarse de papeles que leían durante largas amanecidas, y desaparecer días enteros y emerger de nuevo con la ropa sucia, la barba crecida, totalmente descuidados. Algunos de sus colegas pensaban que hasta habían perdido la razón.

(Extracto del libro "Abimael, la captura")

 

 

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