Tráfico de tierras en Carabayllo

El tráfico de terrenos, como práctica instituida, acoge una serie de tejidos sociales; generando formas de organización social urbanas más efímeras, como sucede con asociaciones de pobladores que surgen en Carabayllo.

Redacción: Nekson Pimentel | Hechos | Publicado el: 05/07/2016 14:07
Tráfico de tierras en Carabayllo

La ciudad de Lima se expande por tierras de comunidades campesinas aledañas y por aquellas áreas que hasta la reforma agraria del gobierno de Juan Velasco Alvarado fueron haciendas predominantemente de producción agrícola. Pero la producción de la ciudad y los procesos de periurbanización se han visto entrelazados con prácticas que incluyen las relaciones clientelares y el tráfico de terrenos.

El tráfico de terrenos, como práctica instituida, acoge una serie de tejidos sociales que penetran el propio comportamiento de los sujetos; son prácticas que funcionan como un mecanismo de relación social donde incluso existe una correlación de fuerzas, generando formas de organización social urbanas más efímeras y proclives a fragmentaciones, como sucede hoy con las asociaciones de pobladores que surgen en espacios periurbanos Carabayllo.

En estos escenarios, los sujetos pueden participar dentro de los marcos jurídicos o fuera de ellos, así como recorrer a prácticas delictivas; por lo que el tráfico de terrenos no solo tiene vínculo con el aspecto económico, a pesar de que es uno de los móviles fundamentales, sino compromete distintas dimensiones, políticas, socioculturales y simbólicas. Así, la producción de la ciudad en estos espacios de transición se convierte también en espacios de reproducción del miedo y de la tensión.

La sumisión a los instrumentos legales por parte de los sujetos es inexistente, sus hábitos les lleva a considerar que todo instrumento del Estado tiene dificultades y porosidad para ser instrumentalizado. No se encuentra sujetos conformes o comprometidos con los instrumentos legales, pero tampoco la niegan, debido a que pueden ser usados de acuerdo a las circunstancias, cuando tengan utilidad en su forma de entender, negociar y vivir en la urbe. La alegalidad, por consiguiente, constituye aquellas prácticas y comportamientos de los sujetos que utilizan los códigos existentes para adecuar prácticas ilícitas y evidenciar como legales. Estas prácticas pueden ser realizadas de manera colectiva e individual, tanto por las empresas inmobiliarias, los dirigentes de un asentamiento urbano, por los mismos agentes del Estado, etc.

La alegalidad es un fenómeno que configura una actitud casi estandarizada, donde la instrumentalización sistemática de las normas e instituciones, como las organizaciones barriales y municipalidades, adquiere mayor trascendencia, por lo que se distingue de la ilegalidad, entendida en primera instancia como transgresión de las normas jurídicas o urbanísticas.

Los traficantes especializados, mediante el uso de distintos instrumentos, cubren, camuflan intereses, profundizando los límites existentes para el acceso a un espacio para la producción de hábitat, lo que por cierto es apenas accesible por la especulación existente, pues, los precios de los terrenos transferidas por las inmobiliarias en el valle del Chillón tienden a subir de precio cada quince o treinta días, incluso dependiendo de cada empresa inmobiliaria.

Los territorios periféricos de la ciudad de Lima, al sur y al norte, se encuentran cercados, pero estos evidencian disputas existentes entre diversos sujetos: comuneros, traficantes especializados, traficantes circunstanciales, invasores, etc. El cerco puede convertirse en un símbolo ritual de resistencia así como expresión de la intensa polaridad por las disputas por el espacio periurbano. 

Se evidencia una profunda flexibilidad en el comportamiento de los sujetos sociales en las nuevas organizaciones urbanas que surgen en el valle del Chillón. Sin embargo, no construyen un mundo propio, como plantea Hernando de Soto, sino que utilizan diferentes mecanismos que provee la sociedad y esas prácticas constituyen parte de un estilo de vida que produce la sociedad neoliberal, alimentado, al mismo tiempo, por viejas y nuevas prácticas, conocidos en el sentido común como la “viveza”, la “pendejada”, corrupción, etc.  El conjunto de estas prácticas y hábitos constituyen parte de las relaciones sociales de la sociedad actual, y de manera específica en los procesos de periurbanización de Carabayllo.

* El autor es antropólogo de la Universidad Mayor de San Marcos.

 

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