¿Por qué Leguía creó la Contraloría General?

Yo tirano, yo ladrón, libro donde Augusto B. Leguía narra sus memorias. Preso, acusado de peculado y traición a la Patria, escribió interioridades de su gobierno. Un pasaje: la lucha contra la corrupción, mal endémico.

Redacción: Augusto B. Leguía | Bicentenario | Publicado el: 15/06/2016 13:06
¿Por qué Leguía creó la Contraloría General?

Tanto se ha afirmado sobre la consumación de peculados en gran escala durante mi gestión gubernativa; afirmación calumniosa que ha motivado por parte de los hombres “puros de la Revolución de Arequipa”, la creación de un tribunal ad hoc para juzgar esos delitos, que hace preciso que yo contemple en un capítulo aparte la naturaleza de las acusaciones que pesan sobre mí y mis partidarios sobre este punto.

Comenzando por señalar y comprobar, lo que en mi testamento declaro, que llegué a la presidencia de la República con una renta anual de más de doscientos mil dólares, y que después de mi renuncia solo unas cuantas medallas y condecoraciones son las que puedo legar a mis pobres hijos y agregando que de todas las propiedades rústicas y urbanas que poseído, unas como producto de mis largos años de labor, y otras por herencia de mi legítima esposa, la señora Julia Swayne de Leguía, desbarato los cargos con que me inculpan aquellos que si hubieran compartido el gobierno conmigo, habrían cometido toda clase de incorrecciones, vieja práctica del civilismo cuando ejerció el poder.

En lo que se refiere a los colaboradores de mi política, no los ha habido; lo que ocurrió fue, que algunos de ellos, favorecidos con la concesión de contratos de obras públicas, urbanizaciones, carreteras o ferrocarriles, porque no podían ser extraños al régimen los que esto obtuvieron, ya que los demás vivían alejados de mí, y en perenne conspiración, sacaban provechos de estas concesiones, explotándolas, o traspasándolas por pingues sumas, a terceras personas. Otros, aprovecharon también de esta situación especial, para conseguir expoliar al prójimo a su antojo. Pero ni de lo primero, ni de lo segundo, puede responsabilizárseme, pues no solo era ajeno a esos manejos, sino que los hubiera condenado acremente si los hubiera conocido. Y para confirmar lo que aquí declaro, basta que recuerde al país, que cuando estuve en conocimiento de ciertas irregularidades que se producían en la Dirección del Tesoro, del Ministerio de Hacienda, resolví para conjurarlas, crear como se hizo, la Contraloría General.

La organización de esta oficina pública, anexa al Ministerio del Ramo, evitó y evitará las especulaciones con los tenedores de libramientos y de otras obligaciones del Estado. Y ha permitido orientar la dirección de la distribución de las rentas, desde un punto de vista ecuánime y honesto.

Cuando conocí la noticia de mi doble enjuiciamiento, por peculado y traición a la Patria, pedí que aceptaran mi defensa ante el Congreso y que mi causa la viera el Poder Legislativo. Si esto hubiera ocurrido, habría desenmascarado, primero a los verdaderos traidores y luego a los profesionales del robo, que quisieron erigirse en jueces míos. Más, tuvieron el buen cuidado, y lo tendrán de que esto no suceda. Y es porque el presidente Leguía sabe quiénes son fieles y honrados en el Perú y quiénes no.

Foto: lambayequealbicentenario

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