El día en que el presidente me liberó

Estuvo preso a raíz de una denuncia exagerada. La intervención de un presidente de la República logró salvarlo de una cárcel segura. Otra anécdota de Oscar Eduardo Bravo.

Redacción: Oscar Eduardo Bravo | Hechos | Publicado el: 18/07/2015 23:07
El día en que el presidente me liberó

Estaba al aire, en vivo y en directo. Conducía los noticieros del canal del Estado de 6 a 9 de la mañana.  En eso el director, Julián Cortez Sánchez, me indicó que mande a corte comercial y luego me habló.

  • Bravo, está en el teléfono Cesar Hildebrandt. Dice que en su programa de ayer domingo no alcanzó a poner una nota importante por falta de tiempo y te pide, por favor, si es que puedes darle la oportunidad a un reportero suyo. Desea que lo entrevistes porque tiene una pepa del carajo.
  • ¿Hildebrandt, pidiéndome algo a mí? Qué raro Julián. ¿Quién es el reportero?
  • Aguanta voy a preguntar…
  • Dice que se llama Nicolás Lúcar y que, por favor,  lo ayudes porque el pata está ansioso y nervioso. Nunca ha salido en televisión en vivo. Que si aceptas no lo vayas a maltratar....
  • Espérate un ratito Julián.

Juan Silva Vidaurre  conducía el noticiero conmigo y era mi compadre espiritual, mi esposa y yo habíamos bautizado a su hijito, Juan Pablo, por la iglesia católica. Había oído lo mismo por el audífono, igualmente Josefina Townsend y Nuria Puig. El que no sabía que pasaba era Mauricio Mulder quien se dio cuenta de que algo raro pasaba.

  • Juan, ¿tú qué opinas?- le pregunté.
  • Al huevón de Hildebrandt no le haría ningún favor, pero al chibolo que dicen, tal vez. No sé pues, compadre, es tu decisión, a ti te están pidiendo el favor no a mí- respondió.
  • Tienes razón, Juan- dije.
  • Fíjate bien en qué te metes y lo que haces Oscar Eduardo- continuó.

Josefina meneaba la cabeza con disgusto. Nuria se rizaba las pestanas. Mulder se mordía las uñas por saber lo que pasaba. Juan Velit leía su periódico. Litman Gallo “Gallito” comía su tercer sándwich. A Jimmy Arce lo estaban maquillando.

  • Salud Osquitar, dale la mano al patita- intervino Luchito Llontop, director de TV.

Julián Cortez insistió por el audífono.

  • Habla Bravo, tú decides. Tengo a Hildebrandt al teléfono. Entrevistas a su reportero, sí o no. Habla ahora o calla para siempre.
  • Hummmmm, ehhh, bueno....esteeee.....ya!,

Seguimos con el programa hablamos al aire Juan y yo.  Nueva tanda comercial y Mauricio Mulder ya había averiguado todo y de que se trataba.

  • Oscar Eduardo, ten cuidado con Hildebrandt. Si no ha sacado la nota en su programa, no es por falta de tiempo, no vaya a ser que te metas en problemas. Te lo digo como pata y como abogado- me dijo.
  • Gracias Mauricio, tienes razón, pero ya di mi palabra, lo manejare con pinzas- respondí.

Llegó el reportero de Hildebrandt. Era Nicolás Lúcar, quien vestía jean celeste desteñido, una camisa manga corta color azul y alpargatas beige sin medias. Lo maquillaron, le alisaron el bigote y sus piernas no paraban de temblar.

  • ¿Sabes que es la primera vez que salgo en vivo en televisión? Estoy con una enorme ansiedad- dijo.
  • No te preocupes Nicolás, tranquilo, todo saldrá bien. Ya no hay tiempo para que me cuentes nada. Olvídate de las cámaras solo mírame a mí, enfócate en  tu tema- le dije.
  • 3,2,1 ...en el aire- Habló el director de cámaras.
  • Son las 8.45 minutos de la mañana. He recibido una llamada del periodista César Hildebrandt, pidiendo que entreviste a su reportero Nicolás Lúcar quien tiene un tema muy importante del que nos habla a continuación. Buenos días, Nicolás, cuéntanos de qué se trata...- comencé la entrevista.
  • Gracias, buenos días Oscar Eduardo. Resulta que han metido a prisión acusado de terrorismo a un inocente. El Ministro del Interior, José Varsallo Burga, y el Director de la Policía, Fernando Reyes Rocca, han avalado el encarcelamiento de un hombre que es inocente en todos los extremos- explicó.

Y me siguió contando los detalles pormenorizados. Yo preguntaba, él respondía con aplomo. Lúcar se hizo dueño del set, fue una revelación frente a cámaras y se paseó con su perorata, a tal punto que me mimetizó con su denuncia, me indignó, me solidaricé con el inocente y dije al aire.

  • Señor Ministro del Interior, Dr. José Varsallo Burga, por la salud del país, renuncie. Usted no puede seguir siendo Ministro- dije.

Terminó la entrevista. Lúcar se fue feliz, Hildebrandt volvió a llamar agradecido y dijo que había nacido una nueva estrella para la TV y que agradecía el buen trato al colega. Juan y yo despedimos el programa, todo bien, hablamos unos minutos más en el set. Julián invitó a desayunar, pero yo no me quedé porque quería ir a mi casa, mi hijita Macarena hacia pocas horas que había nacido y yo deseaba estar con ella. Ni me despedí, solo me vieron salir del canal Anel Towsend y José Castro Machado, reportero del programa, ni me quite el maquillaje.

Salí a la puerta del canal, bajé dos escalones y dos hombres se aproximaron, uno moreno y el otro trigueño. Ambos muy corpulentos y armados al cinto.

  • ¿Usted es el señor Oscar Eduardo Bravo?- preguntó.
  • Sí, yo soy, ¿por qué?- respondí.
  • Porque usted está arrestado. Tiene orden de captura y en este momento lo llevamos preso- dijo.
  • Queé??? Están locos, ¿preso yo? ¿Qué he hecho? Identifíquense. ¿Quiénes son ustedes?- protesté.

Y los tipos me alzaron en peso sin más trámites. Me cargaron de los hombros y me empujaban a un auto. Yo empecé a forcejear y repartía cabezazos, puñetes y patadas, mientras gritaba.

  • Auxilioooooo, me estan secuestrandooooo....!!!-

Me metieron a golpes a un carro. Allí esperaban dos hombres más,  en el auto me seguían abollando. El de adelante que iba como copiloto se reía y me dijo.

  • Machito eres no huevón. Ahora pe’, pide de nuevo que renuncie el Ministro-

Allí recién entendí todo. Aparte de pedir la renuncia del Ministro, tenía pendiente una denuncia penal por "usurpación de funciones y atentar contra la seguridad y defensa nacional". Resulta que siendo reportero del programa “Panorama”, avalado por Héctor Delgado Parker, hice con Alejandro Guerrero un informe en donde se me veía comprando uniformes de la Policía. Ataviado de “tombo”, caminé por medio Lima y, por último, entré al Ministerio del Interior como si fuese mi casa, cosa que a la Policía no le gustó y me entablaron un juicio. El reportaje había generado la cólera de su ministro del Interior, Gral. Oscar Brush Noel, quien en vez de agradecer que mostremos el modo en que terroristas, secuestradores y asaltantes podían y hacían lo mismo, se amargó y me denunciaron penalmente. Entonces, esa mañana el ministro Varsallo, había revivido la denuncia.

Castro Machado, que se había percatado de mi secuestro, siguió a mis captores en un auto del canal. Un camarógrafo grababa todo, hasta que me metieron a la carceleta del Palacio de Justicia. Los detectives hablaban entre ellos y se mofaban de mí.

Agresivamente me empujaron detrás de unas rejas, junto a un montón de detenidos. Era la celda de los terroristas quienes me reconocieron de inmediato. Se aprestaban a agredirme porque a ellos en la televisión les decía cobardes, malditos, asesinos. Un negro me quiso besar y otros me decían piropos diciéndome que estaba “muy rica” porque aún estaba maquillado. Para colmo de males yo estaba resfriado y sudaba en cantidad. Un terrorista azuzó a sus compañeros y les dijo que me sacasen la mierda por “valentoncito”. Ya me iban a atacar cuando se oyó un grito fuerte, autoritario y seco.

  • Déjenlo, es mío!-

Todos se quedaron fríos y estáticos, nadie movió un dedo. “Asuuuuu y este, quien es...?”, pensé.

  • Bon giorno caballieri, io sono Fansesco, primo mio is Guido Lombardi, is tuto amico, no ti procope, io mando aquí. Io soy il dueno di la Tratoria. Tu ere buono hombre, io a ti te veo en teve, io te cuidare- dijo y gritó.
  • Oficial apertore la porta, i este bonno hombre is caro mio, esta mal,lo vi hace uno rato en la tele, sacalo de aqui, llevalo al suo cuarto- pidió
  • Mira yo mando aquí, pago, a mí me hacen caso, estoy de día nomás. En la noche duermo en mi casa. Aquí todo cuesta- Vi ayer en la tele que nació tu nena. No te preocupes te trataran bien, aquí todos me hacen caso- - me dijo el italiano.

Y como por arte de magia se abrió la reja, me sacaron y llevaron a la habitación de los oficiales. Me dieron una taza de té y me dijeron que como estaba resfriado que me recueste. Puse la cabeza en la almohada y me quedé profundamente dormido. Todo esto pasó entre las 9 y media y las 11 de la mañana.

En eso fui despertado bruscamente por un coronel de malos modales.

  • Qué haces echado allí, carajo. Tú estás preso, quien mierda te autorizó a dormir en mi cama- vociferó.
  • Yo que sé, me dijeron que me eche y así lo hice. No tiene que gritarme, bájeme la voz- respondí.
  • Que bájeme la voz, carajo. Aquí mando yo, pedazo de mariquita de la tele. Todos ustedes son rosquetes, siempre lo supe, mire nomas, venir maquillado como mujer- continuó vociferando.

Me enmarrocaron y subí por unas escalera. Se abrió la puerta y vimos a una nube de periodistas que trataban de meter sus micrófonos. El mismo coronel gritó.

  • Cierren esa puerta, mierda. Hay que sacar a este huevón por otro lado- dijo.

Acto seguido me hicieron correr a paso ligero por interminables pasadizos oscuros luego salimos por una puerta lateral que daba al jirón Azángaro. Los periodistas venían a nosotros, me empujaron a un auto, me tiraron al piso y ordenaron al chofer que arranque.

Llegamos al Ministerio del Interior, me quitaron las esposas y subí a un ascensor, entré a una espaciosa oficina, me sentaron en unos mullidos sillones de cuero verde petróleo y me quedé solo. En eso entró el Director de la Policía, Fernando Reyes Roca, me salvé dije para mí. Era el tío de mi esposa.

  • Oye Oscar Eduardo, no me conoces ah. Nunca te vi, ni te confíes en mí, no me menciones para nada. Yo para ti no existo, la has cagado carajo y solo he venido porque mi señora ha pedido que vea que estés bien. Mi Regina ya le contara a tu Rebeca, pero no uses mi nombre para nada. Tú no me conoces a mí, ya fuiste huevón-y se fue.

Pasaron largos minutos, quizá media hora y apareció Agustín Mantilla que era el viceministro del Interior. Esa había sido su oficina.

  • Holaaaa, qué gusto de conocerteeeee. Por fin te veo en personaaaaaa, eres más guapooooo q en la teleeee- dijo.

Hablaba haciendo correr las vocales. Me quedé con ese personaje como dos horas. Hablamos un montón, de todo y de nada, hasta que sonó un teléfono.

  • Chucha es el Presidente- dijo y contestó la llamada.
  • Alooooooo,siiiiii....,siiiii....,siiii.....asiiiiiii....ooookeyyyyy....bien señor Presidente, sí aquí esta. Te paso con Oscar Eduardo- dijo.

No lo podía creer.

  • Aló, don Oscar Eduardo Bravo, ¿cómo está usted?- escuché en el auricular.

Reconocí la voz inconfundible del Presidente Alan García Pérez.

  • Aquí Presidente, confundido no sé qué está pasando- respondí.
  • Mire usted, ha provocado un escándalo, ha pedido la renuncia del ministro del Interior en el canal del Estado. El ministro se ha molestado, han revisado su historial y usted tiene una denuncia por usurpación de funciones y atentar contra la seguridad. El ministro se picó y ordenaron su captura. Ahora quédese usted tranquilo, los periodistas le querrán preguntar, usted no diga nada, no comente mañana nada en el noticiero. No ha pasado nada de nada y no me vuelva a pedir la renuncia de un ministro en el canal. Váyase a su casa tranquilo, bese a su niña recién nacida y aquí nada pasó. ¿Estamos...?- dijo.
  • Sí Presidente, estamos- respondí.
  • Me debe una ah- bromeó.
  • Sí Presidente, le debo una- dije.

Mantilla me contó luego que José Castro Machado fue donde Carlos Morales Andrade y César Campos Rodríguez, Secretario y Sub Secretario de Prensa de Palacio de Gobierno. Ellos junto a Juan Silva y Carlos Guillen Bringas -quien era el Presidente del Directorio del canal 7- contaron lo que pasó y todos ellos hablaron con el Presidente Alan García, le explicaron que mi delito fue vestirme como policía para un reportaje, amén de pedir la renuncia del Ministro. Entonces, el Presidente resolvió liberarme.

Al salir de la oficina de Agustín Mantilla me cruce con Tulio Loza y con el Director de la Policía que ni me miró. Bajé en el ascensor, salí a la calle, tomé un taxi y llegué a mi casa, besé a mi Macarena, me duché, me puse pijama y dormí.

Nunca conté está anécdota. Hasta hoy.

 

img

Alta corrupción de cuello y corbata

Lo que se viene es un verdadero cataclismo político, social y económico que deberá reordenar y provocar cambios institucionales públicos y privados.

img

Fuerza Popular vs PPK: Partido por la educación

La censura el ministro de Educación sigue causando controversia. Esta es la opinión de un joven profesional que, como muchos, cuestiona a la praxis política en el Perú.

img

Carta de un GEIN a Benedicto Jiménez

Pocos días después del 24 aniversario de la captura de Abimael Guzmán, un integrante del GEIN, grupo policial que atrapó al senderista, envia un emotivo mensaje a Benedicto Jimenez.