Escalar sin cuerda

Notas sobre el montañismo en el Perú y un proyecto personal de escritura.

Publicado el: 17/07/2015 10:07
Escalar sin cuerda

“Si no nos matamos durante el aprendizaje, si sobrevivimos a algún accidente, veremos morir a nuestros amigos… hasta que nos llegue el turno”
Ivo Ninov

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Escalar sin cuerda es imposible con lesiones. Lo supe durante mi tiempo de ausencia en la palestra. Cuando escribo esto ya el desgarro en el dedo medio de mi mano izquierda ha sanado. Ahora siento una especie de síndrome del dolor ausente. La forma en la que terminé de aplacar la sensación y el reflejo de presión fue muy sencilla: enrollar el dedo con cinta adhesiva al momento de escalar, una cinta especial para el deporte. Se ajusta en mínima medida, no para reventar las venas, pero sí para darle suficiente esfuerzo al tendón al endurecer el pegue, es decir la presión y flexión en la roca. 

Lo anterior fue un extracto de mi diario de escalada que avanzo sin apuros ni auto competencias. Aún no recuerdo el nombre del viejo escalador peruano que alguna vez me dijo: “lo poquito que escales escálalo bien”. Esta frase ha sido la constante en todas las sesiones de escalada en las que he ascendido y caído  en los últimos años de mi vida en Ayacucho y fuera del Perú. 

La primera vez que escalé tenía quince años y aún muchas revistas para adultos debajo de la cama, por lo que me costaba más trabajo conservar la energía para ascender en la pared que un grupo de estudiantes instaló en la Universidad Agraria en La Molina en 1999. Escalé muy poco en esa época. Pero fue suficiente. Era inimaginable que pudiera comprar algo de equipo básico: zapatos (pies de gato), arnés, un mosquetón y una bolsa de magnesio. Normalmente los pies de gato se usan con una o dos tallas menos a la acostumbrada para ajustar los dedos, pero no tanto, sobre todo si se va a escalar en una sesión prolongada. El arnés es importante para quienes quieren escalar en vías de altura, es lo mínimo. La bolsa es indispensable. La cuerda se puede compartir y los ganchos (expreses) que se instalan en la pared también pueden ser comunitarios. Si uno toma la decisión de comprar más equipo del básico es seguro que no faltarán amigos y otras personas que van a pedir y hasta rogar para salir a escalar en natural.

La sensación de libertad podría ser inexplicable para ciertos narradores. Después de un día de haber escalado seis o siete vías en niveles de esfuerzo físico comparables al de un futbolista en igual tiempo de juego es complicado ponerse a escribir. La grabadora ayuda para recordar los pensamientos que te abrigan en el muro. Cuando te preguntas si pese a conocer tan bien la ruta te atreverías a escalarla en “Solo”, es decir, sin cuerda. 

La capacidad mental a la que hay que ajustarse para escalar en Solo, la memoria, la respiración, y la confianza en el físico son primordiales. Es la fuerza de los brazos y el baile de pies. Pero hay siempre un elemento invisible en esos riesgos; es simplemente la probabilidad. 

Hace dos meses murió Dean Potter, un escalador mundial de talla impresionante, que ha escalado en Solo en Yosemite (California) miles de veces sin ningún tipo de seguridad en paredes de varios cientos de metros. Es a donde la adrenalina y el dolor aplacado nos llevan, a quienes se atreven y a quienes empiezan a imaginarlo. Claro que yo soy del segundo tipo de escaladores, los que sueñan y mienten al contar las aventuras. Pero sobre todo es importante advertir que si uno está decidido a hacer una locura como escalar sin cuerda lo mejor es hacerlo en el mejor estado físico, mental y emocional posibles. Ni un solo dedo sobra en esos lentos movimientos. La Escalada en roca en el Perú es parte del futuro de nuestro país. Hay que decirlo sin ataduras. A eso quiero llegar.

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 Alpamayo es la primera de las diez montañas más bellas del mundo. La primera vez que se dijo esto en Munich fue en una edición de 1966 de la revista alemana Alpinismus. El peruano que conformaba ese comité directivo de montañistas profesionales que mucho y justo oído daban a cada uno de sus honorables miembros era César Morales Arnao, un increíble explorador. 

Antes de eso Morales Arnao ya organizaba desfiles de andinistas en Huaraz y conocía la Cordillera Blanca como las yemas de sus dedos. En 1941 un aluvión mató a veinte de sus familiares, ese mismo día juró convertirse en un montañista profesional internacional.  Para nosotros es un verdadero césar del deporte nacional. Formó grupos de escaladores incesantemente y no redujo su voluntad de escribir en el monte. Fue guía de montaña en Europa y colocó la bandera peruana en la cima del Mont Blanc en Francia en el día de los 50 años de la conmemoración de la hazaña aérea de Jorge Chávez. 

¿Qué nos queda de lo que en décadas pasadas fue la Sección de Andinismo del Ministerio de Educación de la que Morales Arnao fue presidente? En próximas entregas me aproximaré, con o sin cuerda, a la realidad de la Federación de Montañismo en el Perú y entrevistaré a escaladores importantes de clubes conocidos y otros no tanto. La difusión de este deporte genera al mismo tiempo la imagen de alta exclusividad. Y eso no es positivo para una actividad que debería ser generalizada. Eso creemos, por eso también escalamos.

En “Los Andes 400 años después”, la guía extraordinaria que Antonio Aymat publicó en 1962 se detalla hasta el último gramo de proteínas que la delegación oficial española ingirió para la hazaña del Huascarán un año antes. “La presencia española en la historia universal de la conquista de la montaña”, así describieron la exploración y cumbre en nuestro país. Treinta y ocho años antes, en 1924,  los españoles, sobre sus ascensos en los Andes y en el Himalaya  dijeron a los ingleses: “subimos porque está allí”. Es la frase que resume la esencia de este deporte. 

Si salto es porque hay un vacío, si escalo sin cuerda es porque simplemente puedo. ¿Por qué sí?, ¿por qué no? De allí que escribir sobre la coyuntura nacional del montañismo en el Perú no es un Solo arriesgado. Es la calma que la sangre necesita.

Miguel G. Podestá Miguel G. Podestá

Periodista y escritor ayacuchano. Ha publicado su primer libro "En el corazón de la montaña, crónica de una inmersión en Ayacucho" (Lima 2013). Actualmente recoge testimonios de ayacuchanos exiliados en Europa.