Escalada en roca en Perú

Un primer acercamiento a la escalada deportiva en roca natural y artificial en el Perú

Publicado el: 17/06/2015 07:06
Escalada en roca en Perú

Me lesioné el dedo medio de la mano izquierda a mediados de diciembre del año pasado. Esta semana volví a escalar por primera vez después de seis meses y aún duele. La pared de Surquillo en Lima se me hizo poco posible. Fue muy frustrante. Luego de haber estado los últimos tres años en Francia, de los cuales dediqué todo el 2013 a escalar en París y el 2014 en Toulouse, con una última temporada de fin de año de regreso en la capital en una de las mejores salas de la ciudad, lo repito, ayer ha sido muy frustrante.

"Ajusta la cuerda por favor, voy a bajar", le dije a mi asegurador sin necesidad de gritar porque otra vez estaba a pocos metros del colchón. Así me rehusé a continuar con el ascenso. Suspendido llegué a decirme que esta onda de escalar y decir a todos mis amigos que escalo es tal vez una forma de esconder mi falta de talento en la escritura. O  una respuesta prioritaria a las razones por las que me alejé de mi familia y amigos durante tanto tiempo. Me convencía que escalar en solitario es la evasión que un tipo de persona necesita en su vida para enfrentar el paso del tiempo. Me decía que la literatura e incluso el periodismo me son actividades menos trascendentes al proyecto de escalar sin cuerda. Y que el progresivo contacto con la naturaleza y la adrenalina son suficientes para vivir con mil euros al mes en un bosque de España o instalando chapas en una pared de trescientos metros en una playa de Vietnam. El Perú en la memoria y se acabó. No ha sido así y dudo que lo sea, eso espero.

En dos años logré superar el nivel promedio de los escaladores aficionados. Pero en todo este tiempo no había advertido la gravedad que mi identidad jugaba en el asunto de escalar. Sobre todo en el proyecto futuro de escalar un día sin cuerda. Venía de una nación de montañas: Perú, un país en el que se adora a los futbolistas mediocres y abandona a todos los demás. Un país donde el nivel de educación contradice las iniciativas por superar a la desnutrición crónica infantil y la televisión, a la que llaman basura, arroja un mal llevado culto al cuerpo.

Conversé sobre la práctica del  deporte con representantes de Basecamp: el importante gimnasio de escalada artificial en Lima con algo más de diez años de creación. Ellos organizan el 2do Festival de Escalada RockFest Huay Huay - Valle Dorado 2015, a siete kilómetros de La Oroya, este fin de mes. El bosque de piedras de arenisca se encuentra a poco menos de cuatro mil metros de altura y según ellos esto es una característica clave para atraer a escaladores extranjeros. La altura afecta menos en comparación al promedio de cuatro mil metros o más de otros lugares para escalar en la sierra del Perú.

En Basecamp creen que el desarrollo de la violencia política entre 1980 y 2000 ha sido factor de declive y de sencillamente la invisibilidad de la escalada a nivel nacional. En especial en el interior del país.

Pese a la contaminación que ha generado la minería en La Oroya, el Valle Dorado en Huay Huay representa el recurso de las poblaciones de la zona por generar un turismo interno capaz de darle una vuelta de tuerca a la realidad. Así es como funciona la sostenibilidad y la revaloración de nuestra tierra. Sépalo bien. Política deportiva por favor.

Por esto y un millón de rocas más me quité sereno el arnés con el cuidado a mi dedo medio adolorido. En seguida, luego de haber pensado que mi nivel no iba para más, fui a la oficina y pagué mi inscripción mensual. Fue la manera más alegórica que encontré de levantar el dedo a la adversidad y al dolor. De soñar con un festival de escalada en Vinchos, Ayacucho, en el Bosque de piedras de Huaraca, donde alguna vez sí pude escalar sin cuerda (a cuatro metros del piso).

(Foto: Miguel G. Podestá)

 

Miguel G. Podestá Miguel G. Podestá

Periodista y escritor ayacuchano. Ha publicado su primer libro "En el corazón de la montaña, crónica de una inmersión en Ayacucho" (Lima 2013). Actualmente recoge testimonios de ayacuchanos exiliados en Europa.