La temida SUNAT

Los negocios pequeños expuestos a sanciones, ¿y las grandes empresas qué?

Publicado el: 22/05/2015 08:05

¿Organismo de control tributario o Casa del Terror? Desde la antigüedad, el control tributario o cobro de impuestos, justificado para la subsistencia de la sociedad organizada, ha sido la Casa del Terror, la que hace temblar al contribuyente que sabe que en el fondo no recibe nada cambio por lo que da, pero sí mucho (castigo) por lo que no da.

Su historia en sí está plagada de terror. Edad antigua, edad media… hasta hoy. Los que viven pomposamente de sus frutos burocráticos justificarán siempre su existencia y su modo de funcionar. No queda otra. Si el populorum no paga, de qué miércoles vivirían esos cómodos burócratas. Dirán que todos tienen la obligación de tributar. Y tienen razón. Un sistema no funciona si nadie aporta para su subsistencia. Pero… ese pero que siempre nos salva de disyuntivas, es lo que me motiva a cuestionar, como a muchos peruanos, a este organismo llamado SUNAT, que hoy, en pleno Siglo XXI, sigue tan despiadado como antes (con los que menos tienen) para repartir lo que han acumulado (obligación le llaman) entre los que más tienen.

Dirán, también, que para eso está la Ley (hecha la ley, hecha la trampa). Una ley que pocos conocen y que, de hecho, no chorrea a favor de los que más trabajan. Sí, así es. ¿Si no, cómo es que se construye el país? Muchas reinas y zánganos para un panal que vive con la soga al cuello. Pero el Estado es así, además es abusador, porque es inembargable. Si un ciudadano común y silvestre le debe al Estado, sonó. Inmediatamente le quitan sus cosas que con tanto sacrificio consiguió. Pero si el Estado le debe al ciudadano y no quiere pagar, simplemente no pasa nada… Sin duda alguna, el pequeño contribuyente sigue desamparado. Poco o nada hacen los organismos defensores en materia tributaria.

Los de abajo reclaman y nadie los escucha. Y no es porque no quieran pagar sus impuestos. El problema es que los pequeños pagan casi siempre lo que no deben pagar. Veamos: van a una bodega, piden varios artículos y luego salen muy rápidamente. Al rato regresan, y le dicen al vendedor: “no entregaste boleta o factura” y le ponen una sanción. No hay llamadas de atención, no promueven la educación tributaria ni nada que permita que el pequeño comerciante tome conciencia que debe entregar una boleta. Y las multas suelen ser impagables por lo que los pequeños comerciantes deben recurrir al fraccionamiento obligatorio. Pero las empresas gigantes, las enormes como Telefónica, pueden deben millones y jamás pasará nada. Lo más angosto para la masa y lo ancho para quienes más tienen. ¿Así queremos construir el Perú?

Víctor Durand Víctor Durand

Periodista, abogado del diablo, escritor en mis ratos libres, profesor por vocación. Amante de la filosofía y del buen cine.