¿Quién es el representante político?

Lo que se esperaría es que la labor de representación no acabe en una semana, sino que sea permanente y no se centre en remitir sólo oficios a las oficinas públicas

Publicado el: 02/11/2016 12:11
¿Quién es el representante político?

En su célebre “Discurso a los electores de Bristol” (1774), Edmund Burke alcanza a señalar que: “El Parlamento no es un congreso de embajadores que defienden intereses distintos y hostiles, intereses que cada uno de sus miembros, debe sostener, como agente y abogado, contra otros agentes y abogados, sino una asamblea deliberante de una nación, con un interés: el de la totalidad; donde deben guiar no los intereses y prejuicios locales, sino el bien general que resulta de la razón general del todo. Elegís un diputado; pero cuando le habéis escogido, no es el diputado por Bristol, sino un miembro del Parlamento”. Es decir alguien que debe velar por el cumplimiento y la defensa del interés público.

Recordé este texto a propósito de haber asistido a un espacio de diálogo con una provincia puneña y llamó mi atención el tipo de participación de dos congresistas de ese distrito electoral, donde su labor se concretó a gestionar una reunión con sectores nacionales y en lo posible con “ministro o viceministros” dirían. Porque de lo contrario no se responsabilizaba por las acciones que tomen las organizaciones sociales. Es decir lo máximo de su gestión se centraba en meter miedo o repetirlo para que se les atienda, sino habría conflicto social. Al final cumplían el papel de secretario de los alcaldes y de los frentes sociales y organizaciones.

Cuando se le pregunta a uno de los congresistas sobre su presencia en la reunión, señala que está acompañando a los alcaldes y a las organizaciones sociales. Me pregunto, ¿Quién es el representante político? ¿Quién debe tener claro la necesidad pública y encausar su solución  por las vías institucionales? ¿Quién debe conocer cuál es el problema público que se piensa corregir, y haber realizado acciones desde el parlamento con ese propósito?

La Constitución Política señala que los Congresistas representan a la Nación y no están sujetos a mandato imperativo, como todo desarrollo de la labor de representación política. Sin embargo, es posible encontrar en la teoría política un desarrollo de esta labor. Según, Edmund Burke la representación política es la representación del interés y ese interés posee una realidad objetiva, impersonal y desvinculada. Hobbes sostiene que un representante es alguien autorizado para actuar, mientras que el representado se hace responsable de las consecuencias de esa acción.

En el parlamento peruano si bien cada representante político le debe poner contenido a esta función a partir de sus objetivos políticos con los ciudadanos, es claro que el Congreso de la República ha desarrollado instrumentos y facilidades logísticas destinadas a hacer más eficaz la función de representación.

Hoy a diferencia de hace algunos años atrás se ha instaurado la semana de representación, donde los parlamentarios tienen la posibilidad de recoger los problemas públicos de los ciudadanos en los distritos electorales que les corresponde y trabajar en la solución de los mismos. Además, para esta semana de representación existe la facilidad de que los congresistas y sus asesores tienen pasajes y viáticos correspondientes.

Lo que se esperaría es que esta labor de representación que no acaba en esta semana, sino es permanente no se centre en remitir sólo oficios a las instancias correspondientes o facilitar reuniones con los sectores nacionales para que sean estos los que busquen la solución. Los parlamentarios se escudan en que ellos no tienen facultad de gasto por lo que no pueden solucionar las demandas. Si bien eso es cierto un trabajo serio de representación y a profundidad debería determinar las posibles soluciones que los problemas públicos pueden tener. Para empezar, se debería determinar si estamos ante un  problema público y donde están las posibles respuestas.

Más fácil es hacer el pase del torero. Es decir, traer, trasladar, remitir y pedir que se atienda, antes de iniciar el proceso de pensar cuál es la salida o solución que como representante político he recibido de mis representados. Incluso se debe barajar la posibilidad que a razón y el criterio de razonabilidad quizá no la tengan los ciudadanos que represento.

Por eso el especialista César Delgado-Guembes señala que “el ejercicio de la representación es una actividad que presupone valores, experiencia y una cultura parlamentaria...y también un espectro de competencias de diverso tipo, cognitivas, habilidades, destrezas prácticas y, sobre todo, un perfil claro de actitudes y compromisos en relación con la naturaleza pública de las tareas y actividades propias del mandato parlamentario. Gran parte de las ineficacias del mandato se deben a la idea preconcebida de que al asumir un mandato, bastan el ingenio y la convicción del representante para que las cosas se hagan y cambien según su solo arbitrio…La pretensión es la peor consejera en la actividad política”.

David Montoya David Montoya

Profesional en análisis de políticas y gestión pública, reforma del Estado y descentralización. En sus tiempos libres, periodista de opinión.