La oposición venezolana y Maduro

El Partido Socialista Unido de Venezuela enfrenta problemas de abastecimiento y una descarga incesante de críticas y maniobras adversas provenientes de sus opositores.

Publicado el: 14/04/2015 20:04
La oposición venezolana y Maduro

Desde Toronto, Canandà.-  La oposición venezolana, tanto interna como externa, tiene seis meses para arremeter contra el gobierno de izquierda del Presidente Nicolás Maduro: en setiembre deben llevarse a cabo las elecciones para un nuevo período de la Asamblea Legislativa, en la cual el ejecutivo tiene 98 de los 165 representantes que la componen.

Quince años después de haberse instalado en La Casona –edificio sede del gobierno federal venezolano– el Partido Socialista Unido de Venezuela bajo la carismática personalidad del general Hugo Chávez, su sucesor enfrenta problemas de abastecimiento y una descarga incesante de críticas y maniobras adversas provenientes de sus opositores.

La que destaca de lejos y por peso propio fue la decisión del presidente Obama de calificar al pequeño país latinoamericano como un “peligro” para la política exterior de su nación. La declaración del hombre de la Casa Blanca bien podría ser tomada como peregrina dado que la tierra de Bolívar no tiene ni en sueños un armamento que pudiese afectar al poder atómico estadounidense. Tampoco se le podría considerar a Venezuela como un país “exportador” de revoluciones y mucho menos de exportar terroristas.

La sorprendente actitud del mandatario norteamericano podría, más bien, interpretarse como una concesión a la presión de los senadores republicanos para evitar una nueva humillación tras la que le hicieron padecer con la invitación, sin haberle informado previamente ni consultado, del Primer Ministro de Israel, Binyamin Netanyahu, para que critique la política del primer presidente estadounidense negro en el Medio Oriente.

Envalentonado por esta especie de golpe de estado civil, el senador John McCain pidió la intervención armada de su país en Venezuela. Obama le hizo eco; pero no se espera que se atreva a dar un paso concreto en esa dirección. Finalmente, tendrá que resignarse a atestiguar el incremento de la presencia comercial China en Venezuela –donde ya ha superado a su país en términos comerciales, como lo ha hecho también en Perú, Brasil y Argentina, a nivel latinoamericano. Y cuando descanse en casa, al término de su mandato, no tendrá más remedio que enterarse por la prensa sobre los drones que los chinos ayudarán a fabricar a los venezolanos.

Lo que más exporta Venezuela es petróleo: casi el 93 por ciento de sus ingresos comerciales se debe a la venta del hidrocarburo. El petróleo es su principal riqueza, pero también su talón de Aquiles. Estados Unidos y su principal aliado en Medio Oriente, Araba Saudita, orquestaron una campaña internacional para abaratar los precios del principal recurso financiero venezolano (que le sirvió para montar grandes programas sociales y modernizar el sistema de transporte).

Esta maniobra fue la última de los movimientos financieros internacionales que EE.UU. llevó a cabo a fin de mellar la economía venezolana, con lo cual, en consecuencia, promovía el descontento popular. Lo ha logrado. Pero no del todo. El gobierno actual no goza del amplio y masivo apoyo popular de antaño; pero los opositores saben que si, por ejemplo, las elecciones para el parlamento fuesen mañana, mermaría el número de representantes del oficialismo en la Asamblea Legislativa, pero no en la proporción que desearían.

Esto explica la insistencia con que los grandes medios vienen reportando, con llamativa repetición, sobre las debilidades del gobierno que hoy encabeza el presidente Maduro, un ex conductor de omnibuses (factor que enardece a los conservadores). Las maniobras antigobierno se llevan a cabo también dentro del país.

El gobierno ordenó hace menos de un mes que la embajada de Estados Unidos en Caracas reduzca a 17 el número de sus miembros, que eran más de cien: demasiados por un país de la talla de Venezuela. Como en el Chile de la época del presidente Salvador Allende, el gobierno asegura haber descubierto que varios de esos diplomáticos intervenían en actividades subversivas.

El más reciente golpe vino de la iglesia católica. Un consejo de obispos calificó, en un pronunciamiento público, de “sistema totalitario y centralista” a la administración del presidente Maduro. Nada nuevo: la iglesia católica siempre fue opuesta al gobierno que inauguró el presidente Chávez. Los seis meses que quedan por delante, podrían parecer demasiado para el gobierno pero muy poco para la oposición. El sabotaje petrolero no podría dar más porque afectaría a los aliados de Washington. A la oposición sólo le queda el frente interno.

Esto incluye acentuar la escasez de productos de primera necesidad, maniobra de la que forma parte esconder los productos, generando una escasez artificial, en espera de mejores precios. El gobierno ha encarcelado a comerciantes y distribuidores sorprendidos in fraganti. La escasez no se debe exactamente ni únicamente a las medidas proteccionistas del estado: mucho tienen que ver las orquestaciones de los opositores en todas las dimensiones. Por supuesto, Washington está a la cabeza de las maniobras.

Sin el sabotaje incesante de sus adversarios, otra fuese la suerte de la sociedad venezolana. Lo que está en riesgo es la nueva estructura que ha comenzado a tejerse para poner en mejor posición a la sociedad venezolana.

El derrumbe del actual gobierno traería al país más de lo mismo que ocurría hace quince años, cuando los venezolanos sólo sabían de oídas que su país era el gran exportador de petróleo. De oídas, porque las ingentes ganancias que su venta generaba no se invertían en su bienestar, en el bienestar general: se esfumaban en sectores privilegiados. Los venezolanos aún los recuerdan, por eso le está costando duro a los opositores ganarse la mayoría de los votos. Y esto es peligroso porque podrían apelar al último recurso que les queda: la violencia.

Walter Seminario Walter Seminario

Reportero y editor de polendas. Paseó su talento en diarios del Perú. Radica en Canadá desde donde escribe para Portal Peru.