La hora de los cínicos

Odebrecht y Barata han acusado a un grupo de políticos peruanos de haber recibido coimas. Los denunciados dicen que es mentira. Entonces, ¿por qué extraña razón los habrían escogido a ellos para mentir?

Publicado el: 03/03/2018 19:03
La hora de los cínicos

¿Cuántas veces hemos visto en las pantallas de la televisión o escuchado a través de las emisoras radiales los rostros y las voces de los criminales hallados en flagrante delito que siguen jurando por Dios y por su madrecita que no es verdad lo que las pruebas revelan, y que ellos son inocentes, unas mansas palomas?

Pues bien, ahora empezó la función de quienes desde sus encumbradas posiciones, con el hábito de políticos o de buenos empresarios, se dedicaban también a las malas artes. Prácticamente todos han salido presurosos a decir que ellos no pidieron ni recibieron nada, que no saben nada, que todo es mentira y osan afirmar que las pruebas anunciadas no existen.

Sin embargo, la pregunta básica, la más lógica, los desmiente: ¿Por qué razón Marcelo Odebrecht, primero, y ahora Jorge Barata los tendrían que escoger precisamente a ellos para, a través de supuestas falsas acusaciones, mentir descaradamente y tirar por la borda el único salvavidas que tienen en su condición de colaboradores eficaces para no permanecer largos años en prisión o solo recibir detención domiciliaria?

¡Tendrían que estar locos para hacer eso, so pena de perder todos aquellos beneficios!

Lo concreto y lo fundamental para las autoridades que investigan a los acusados es que Odebrecht es nada menos que el multimillonario dueño del imperio que se empezó a desplomar por el caso Lava Jato, de lavado de activos, y Barata es quien a órdenes de aquel ejecutaba en el Perú el reparto de la plata sucia, la que provenía de la Caja 2, de las superganancias en licitaciones y contratos arreglados.

Si está cantado que más temprano que tarde Barata presentará las pruebas y que, además, fiscales y procuradores aportarán otras más: ¿Por qué los acusados que han salido a negar los cargos en todos los idiomas se mantienen en sus trece? Pues, para “ganar tiempo”, ver qué pasa y tratar de “pescar a río revuelto”, porque estamos en el Perú, donde la resiliencia ciudadana frente a los desastres producidos por los políticos corruptos es tan vigorosa que incluso no son pocos los que confían en darles otra oportunidad a los podridos porque “roban pero hacen obra”.

Esa es la cruda realidad.

Los políticos corruptos son autores de una tragedia que hoy se repite como una comedia, a tal punto que los ciudadanos a los que hasta hace poco acusábamos (me incluyo) de votar por candidatos que provienen de las canteras de la corrupción, o que son abiertamente corruptos, pueden decir: “Yo sabía que él era corrupto, pero tú presumías que tu candidato era más potable”. ¡Y nos les faltará razón!

Hace más de 25 años que en las segundas vueltas de cada proceso electoral general, los peruanos sin candidato propio –en el sentido de uno con el que compartamos ideas y programa básicos–, hemos optado por “el mal menor”, creyendo que así nuestro país tendría un mínimo de gobernabilidad.

Incluso, en las elecciones del 2016, alzamos la voz para que en un acto de sensatez política un sector de la izquierda acordase votar por PPK para cerrarle el paso a Keiko y evitarnos que al final de un gobierno suyo –hipótesis negada ahora–, nos diga que ella no sabía nada  de los Jaime Yoshiyama, Augusto Bedoya y Ricardo Briceño, al viejo estilo del papá que aduce hasta hoy no saber nada de lo que hacía Montesinos.

Pero la cruda realidad nos demuestra que no existe el “mal menor”, pues aparte de los sancionados electoralmente con ínfimas votaciones, como Alan García Pérez, el campeón de los caraduras, y Alejandro Toledo, el mentiroso más ruin, PPK no tiene nada que envidiarle a Keiko y ha terminado perdiendo hasta el más mínimo decoro, no solo por el ilegal indulto a Fujimori.

Frente a este vergonzoso panorama, una forma de empezar a resolver esta crisis político-moral que afronta hoy el Perú –previniendo que no estalle de la peor manera–, es aplicando la prisión preventiva para todos los acusados directamente por Odebrecht y Barata, a fin de que rindan cuentas antes los tribunales mediante justo y debido proceso.

Son entonces, el Ministerio Público y el Poder Judicial, las instituciones tutelares de la Nación llamadas a actuar de manera firme para que recuperen plenamente la confianza de la ciudadanía.

Ese será el principio del fin del cinismo de que hacen gala los acusados para encubrir sus delitos, burlándose de todo el Perú.

Daniel Cumpa León Daniel Cumpa León

Empiezo aquí y deseo estar presente todas las semanas con temas afines y/o variados. Mi apuesta por la prensa alternativa vía Internet.