El Perú deslindó con la mafia

Poner en valor la política significa convencer a la ciudadanía de que quienes optaron por democracia son capaces de honrar los compromisos asumidos.

Publicado el: 19/06/2016 01:06
El Perú deslindó con la mafia

El 5 de junio de 2016 será recordado como el día que los peruanos convirtieron el balotaje de un proceso electoral parcializado, en una fecha histórica; pues, ante la amenaza del regreso de la dictadura y la corrupción, prevaleció el criterio mayoritario que la democracia –aunque incipiente ahora–, es el mejor camino para que los ciudadanos luchemos por el desarrollo del país. Esa decisión fue determinante para que Pedro Pablo Kuzcynski gane en segunda vuelta.

Satisface a este columnista que los hechos hayan confirmado la certeza de la apreciación previa, en la que vaticiné la derrota del fujimontesinismo en la segunda vuelta (¿Por qué no ganará Keiko? 02.06.2016 PORTALPERU.PE).

Poner en valor la política

Frente al inobjetable resultado, cabe destacar que los mensajes claves se centran tanto en las colectividades políticas que dejaron de lado pequeñas o grandes diferencias para optar por consolidar la democracia, así como los guarismos que plantean la necesidad de responder a puntuales interrogantes.

Esos dos elementos –voluntades y resultados–, confirman que el proceso de transición democrática que se inició el 2001, no se acabó con la elección de Alejandro Toledo, castigado hoy por el pueblo en las ánforas –al igual que a Alan García–, sino que es una tarea que espera un desarrollo más amplio, para lo cual resulta indispensable poner en valor la política.

Poner en valor la política, significa convencer a la ciudadanía de que quienes optaron por democracia son capaces de honrar los compromisos asumidos y, en el mismo trayecto, apostar por la institucionalización de sus partidos políticos antes que regresar al caudillismo populista que es el camino directo a la corrupción que la ciudadanía consciente rechaza.

Así, mientras que PPK deberá demostrar de arranque, en la propia conformación de su gabinete ministerial, que tiene claro que el voto que lo encumbró a la Presidencia de la República es un voto anticorrupción y antidictadura, anunciando el 28 de julio un paquete de medidas que armonicen con sus plan de gobierno y los compromisos asumidos, su partido tiene el difícil reto –por el desgaste que genera ser gobierno–, de actuar en forma coherente y disciplinada, conteniendo las ambiciones de poder que se desaten en su interior.

Por su parte, Verónika Mendoza y el Frente Amplio, al dar ese gran paso en su compromiso con un Perú democrático llamando a votar por PPK –su más opuesto contrincante ideológico y programático–, tienen frente a sí el reto de ser oposición constructiva y dar el paso más trascendental: convertirse en un partido político que sea asumido por la ciudadanía como una alternativa de cambio real y consistente. Para ello, será fundamental que ofrezca un ideario renovado y un programa cuyo sustento técnico defina con claridad su viabilidad en el corto, mediano y largo plazo. Por estos días, Verónika Mendoza ha hecho precisiones importantes, que afirman su liderazgo, pero al Frente Amplio le falta andar mucho camino para ser un partido fuerte, de cuadros y de masas.

En cuanto a Julio Guzmán, a quien se le negó el derecho constitucional de ser elegido, su reto es pasar la prueba de una candidatura popular en una coyuntura dominada por la ausencia de liderazgos político-institucionales, a una afianzada en un exitoso proceso partidario fundacional –si acaso lo fuera–, que, al filo del 2021, enfrentará muy probablemente a dos candidatos fuertes: al que emerja de una buena o aceptable gestión de PPK, y a Verónika Mendoza, candidata de una izquierda para entonces renovada, si se atreven.

Las opciones de gobierno de PPK

“Quisiera que los libros de historia dijeran sobre mí: Este fue el hombre que modernizó al Perú”, es lo que ha dicho PPK. Y tiene más crédito la autenticidad de su deseo porque lo ha dicho no en el transcurso de la campaña electoral, para ganar votos, sino luego que la ONPE diera los resultados al 100%, para explicar qué tipo de gobierno quiere hacer.

Indiscutiblemente, se trata de un objetivo loable, pero “modernizar al Perú” supone una visión determinada y en el caso de PPK no se le conoce otra que no sea la de su convencimiento que la economía de libre mercado es la panacea, mientras que la Constitución Política del Perú define como régimen una economía social de mercado que nadie se empeña en cumplir. Por ello, vale la pena preguntarse: ¿Cuál es el diseño de esa modernización? ¿Cuál es su costo? ¿Alcanzan 5 años para lograrlo?

No olvidemos que Fujimori quiso hacer lo mismo y en nombre de ese propósito remató las empresas públicas y limitó la acción del Estado en campos como el energético y minero, áreas donde otros países vecinos le han otorgado roles más protagónicos con buenos resultados.

Para este columnista bastaría con que PPK concrete acciones de neto corte liberal –en un país donde las derechas se han destacado por el mercantilismo apañador de corruptelas–, para marcar la diferencia con otros gobiernos.

Sin embargo, y pisando tierra, es previsible que la gestión de PPK al frente del gobierno no sea pan comido, como algunos calculan, pues, los detalles también cuentan.

Por ejemplo, a raíz de la propuesta de mantener a Jaime Saavedra Chanduví, en el Ministerio de Educación, no solo se debe considerar lo que éste ha hecho bien, sino, además, lo que está en cuestión y debe ser materia de profunda investigación: millonarias licitaciones para la producción de libros que son adjudicadas de modo poco transparente casi siempre a empresas editoras transnacionales como Santillana, Ediciones SM y Editora Norma, en perjuicio de las medianas y pequeñas empresas editoras nacionales que han demostrado que pueden producirlos con similar o mejor calidad y a precios incluso más competitivos. Obviamente, la exigencia no es que se cambie de favoritos en las licitaciones sino que los procesos sean realmente limpios y transparentes.

Keiko: Resentimiento mentiroso

En cualquier familia que se respete, si uno de sus miembros falta gravemente a sus principios, y, además, a su integridad física y moral, lo normal es que no podrá volver a su seno cargado de loncheras y dádivas, creyendo que eso lo exime de pedir perdón y demostrar que realmente ha cambiado. Dedicarse a hablar solo de lo que en el pasado hizo bien, y sin reconocer aún el importante apoyo que recibió para ello, solo agrava su situación.

Tal vez esta analogía ilustre a quienes no entienden la actitud de la gran mayoría de peruanos, que rechazamos la soberbia con la que Alberto Fujimori y su clan familiar, con el único afán de justificar sus delitos, se endosan logros cuya consecución significó un gran sacrificio para el pueblo peruano.

Como lo comenté días antes del balotaje, Keiko Fujimori perdió porque no dieron resultado sus disfuerzos para parecer algo que los peruanos que cambiaron su voto en las últimas dos semanas pudieron constatar sin odios ni rencores: que su candidatura era el Caballo de Troya de su padre.

Y no hubo ni hay 50% - 50%, pues, como se sabe, en segunda vuelta gana el que obtiene la mitad más uno de los votos y quienes apostamos por la democracia ganamos con 41 mil 438 votos más, que podríamos atribuir a ciudadanos de las 25 regiones del Perú, y no solo a los del sur combativo. Si a ello agregamos que más de 4 millones 500 mil ciudadanos no fueron a las urnas, queda más claro que los seguidores de la dictadura en el país son muchísimo menos.

El resentimiento de Keiko, tras la derrota, solo se explica porque nadie invierte tantos millones de dólares durante más de 10 años de campaña fingiendo que todo proviene de inocentes colectas en cenas y polladas, para perder las elecciones dos veces consecutivas por los mismos 3 errores: 1. No reconocer sin ambages los delitos cometidos por “Soy inocente” Fujimori, 2. No pedirle perdón al pueblo peruano; y, 3. Seguir usando la mentira como método sistemático de hacer “política”, mientras, a la vez, se asegura ser diferente al padre.

¿Tuvo asesores Keiko o, para variar, tuvo adulones? ¿Y el francés?

La estrategia de la mentira, de la victimización, como está probado en los resultados de las elecciones del 2011 y del 2016, puede rendir dividendos auspiciosos y hasta abultados, pero no alcanzan para ganar. La razón es una sola: con la mentira y la victimización se puede sorprender un tiempo a los ciudadanos, pero no se les puede convencer siempre.

Se sabe incluso que la verdadera razón por la que Kenji no fue a votar es porque en el entorno más íntimo del fujimontesinismo temían que fuera pifiado antes, durante y después de emitir su voto y las imágenes tuvieran mayor incidencia en el voto a favor de PPK. Pero, se las ingeniaron para fabular sobre la verdadera razón de su ausencia, con la ayuda de cierta prensa complaciente.

Que Keiko no estaba preparada para ser presidenta y menos que lo sería para todos los peruanos, es algo que quienes creyeron lo contrario han podido constatar con sus propios ojos desde el día siguiente de la segunda vuelta. Keiko no ha sido capaz de formularse una sola autocrítica. Todo lo contrario, en un caso digno de Ripley, culpa de su derrota a sus adversarios políticos. Como si estos tuvieran alguna obligación de actuar a su favor. Y olvidan que, en 1990, los votos izquierdistas eligieron a su padre, quien dijo ser diferente a los políticos tradicionales y ofreció “honradez, tecnología y trabajo”. ¿Qué culpa tienen los izquierdistas, entre otros muchos ciudadanos conscientes, de tener buena memoria?

La amenaza de que PPK debe disculparse y que, de no hacerlo, los fujimoristas pondrán a sus 73 congresistas en contra de su gobierno, es, por decir lo menos, una tontería de marca mayor que revela cuán perdidos están en el análisis político los fujimoristas: El Legislativo es un poder desprestigiado y requiere reposicionarse urgentemente como un poder que aporta y no como un poder que entorpece o bloquea la gobernabilidad. La actitud del fujimontesinismo delata de modo reiterativo que no serán ellos quienes le laven la cara al Congreso de la República.

Keiko, mal agradecida

En realidad, es Keiko quien, en lugar de exigir que PPK le ofrezca disculpas, debería haberle agradecido ya por su permanencia en las elecciones generales, pues, fue precisamente el ahora Presidente de la República electo, quien, el 16 de marzo, pidió al JNE que no la excluya del proceso, cuando era investigada por el dinero que utilizaba “Factor X” para hacer proselitismo a favor de su candidatura: “Yo espero que no hagan eso porque la elección se acabaría”, dijo entonces, entre otras cosas PPK. Y si Keiko lo ha olvidado es, tal vez, porque sabía que el JNE la blindaba. Si no, la segunda vuelta hubiera sido entre Verónika Mendoza y PPK, con resultados imprevisibles.

 

Daniel Cumpa León Daniel Cumpa León

Empiezo aquí y deseo estar presente todas las semanas con temas afines y/o variados. Mi apuesta por la prensa alternativa vía Internet.