Sí, Keiko es la re-reelección

Quienes aspiran a un Perú mejor deben saber que en este caso el voto en blanco, nulo o viciado, solo servirá para el retorno de la mafiosa dictadura fujimontesinista. Y la izquierda no puede a medias.

Publicado el: 16/05/2016 13:05
Sí, Keiko es la re-reelección

Es un lugar común afirmar que el pueblo peruano carece de memoria colectiva, y esto pareciera confirmarse ahora con el supuesto olvido de las fechorías y el daño enorme que le hizo al país la dictadura fujimontesinista, desde abril de 1992 hasta noviembre del año 2000, al punto que Alberto Fujimori amenace ahora con sentar en Palacio de Gobierno a su hija Keiko.

Sin embargo, frente a los hechos, es posible sostener que tal afirmación no es cierta, y que, por el contrario, son la gran mayoría de políticos y también altos funcionarios públicos que acceden a alguno de los poderes del Estado quienes tradicionalmente olvidan no solo sus promesas sino también las obligaciones que la Constitución y la Ley les imponen para el buen cumplimiento de su deber, convirtiéndose en promotores de la cultura de la impunidad y del olvido.

Una primera constatación de que el pueblo no olvida ni perdona está precisamente en los resultados de la primera vuelta, aún a pesar de lo antidemocrático del proceso electoral –“la ley es la ley” para Julio Guzmán y César Acuña, pero no para Keiko Fujimori–, según los cuales más del 60% de los electores que emitieron correctamente su voto dijeron ¡No! a la candidata de Fujimori.

La segunda y más importante señal se refleja en el porcentaje de rechazo potencial al fujimontesinismo, que sube a más de 80% cuando contrastamos el número de votos obtenido por la hija del dictador con el número de electores hábiles (22’901,954). Es decir, con todos los millones que vienen gastando en los últimos 10 años de campaña, otorgando dádivas, pintando muros y ofreciendo solucionar todo, solo lograron el 19,32% de votos.

Si esto es así, ¿por qué existe la sensación de que Fujimori está a punto de retornar a Palacio?

Pues, porque gracias a diversos factores –que influyen en el análisis superficial que hacen los ciudadanos menos informados–, los fujimontesinistas se han envalentonado y han pasado del “roba pero hace obra” a pontificar sobre el combate a la corrupción, la seguridad interna del país, la lucha contra la delincuencia y la superación de las inequidades, entre otros tópicos ajenos a su moral e incompatibles con su trayectoria política.

Por cierto, entre los factores que más influyen en la falta de conciencia sobre lo que realmente significó la mafia y lo que significaría para el país retroceder a esos niveles de corrupción con un gobierno de Keiko Fujimori, están: la traición de algunos “líderes” y partidos políticos a los fundamentos de la lucha anti-dictatorial; los nuevos casos de corrupción en los que están incluidos Alan García, Alejandro Toledo, Gregorio Santos, los que se investigan al gobierno de Ollanta Humala, y todos los aún impunes pero no desconocidos, que han servido y sirven de “factor colchón” al fujimontesinismo, toda vez que refuerzan en muchos ciudadanos la resignada convicción de que “todos los que llegan al gobierno entran a robar”; y, por último, la crisis de los partidos políticos, que tuvieron la oportunidad de reinventarse cuando el año 2000 el pueblo sacó a Fujimori del poder; pero, no lo hicieron y agudizaron su crisis, lo cual permitía avizorar que los resultados que obtendrían en las elecciones de abril serían muy pobres, situación que se hubiera confirmado mejor si Julio Guzmán y César Acuña permanecían en la liza electoral.

Si a lo descrito sumamos el amplio apoyo de la prensa vendida (la recomprada y la que postula a la primera opción de compra), entonces toda la actuación de los fujimontesinistas aparece como pan de Dios ante los ojos de los ciudadanos distraídos.

Esos factores, y otros que por razones de espacio dejo entre los apuntes, han servido para que “Soy inocente” Fujimori se avive y diseñe desde la cárcel dorada –que disfruta como un roedor panza arriba– una campaña basada en la estrategia “Dinero robado mata dignidad ciudadana”, que le ha permitido travestirse y mimetizarse en Keiko ante el aplauso de la derecha más mercantilista y de los dueños de la prensa más obsecuente.

En este panorama, resulta inentendible la posición de la izquierda reunida en el Frente Amplio, tanto que hace extrañar la alternativa de Guzmán, un candidato de centro-derecha que rápidamente fue reconocido por los sectores populares como mejor opción para hacerle frente a la mafia en segunda vuelta. Como Guzmán era un centro-derechista no contactado por los poderes fácticos que manejaron a su antojo el proceso electoral, y que además llevaba en sus filas a algunos personajes progresistas, le bajaron el dedo, optando incluso por la izquierda como contrincante presumiblemente ganable en segunda vuelta.

El Frente Amplio debe explicar a los electores qué cosa significa “no respaldamos a ningún candidato”, pero “haremos campaña contra la mafia fujimontesinista”, y, de yapa: “exigimos que se produzca el debate”. ¿El debate –palabras más, palabras menos–, cambiará su evaluación y posición de fondo con respecto a ambos candidatos? ¡Ya pues, un poco más de seriedad política!

Si esta izquierda tuviera el coraje de la autocrítica franca y abierta admitiría ante el país que obtuvo resultados electorales un poco más favorables de lo que su trabajo político le auguraban, y diría que llama a votar por PPK, no porque éste represente la opción de cambio que el país necesita, sino, en esta disyuntiva concreta de la ciudadanía democrática, para impedir el retorno de la dictadura fujimontesinista y evitarle al Perú un desastre mayor, con el compromiso de asumir el liderazgo de la oposición, de organizarse y trabajar duro políticamente para constituirse en una verdadera alternativa de gobierno y de cambio. Y para decir esto no necesita pactar con PPK.

Es evidente que si se despoja de sus anteojeras ideológicas, con una decisión firme la izquierda ganaría políticamente más en la perspectiva de una lucha democrática por convertirse en una real alternativa de gobierno, que jugando a la desubicada teoría de que es mejor que se agudicen las contradicciones en el seno de la burguesía sin tener con qué derrotarla. La izquierda debe con urgencia reinventarse. En estos tiempos un buen izquierdista es el que pone en tela de juicio la ideología, el programa y los liderazgos, así como la forma de construir partido, aferrándose a la convicción de que, sobre todo, un auténtica opción de izquierda debe aportar alternativas realistas a las demandas ciudadanas, para hoy, para el mediano plazo y para el futuro, sin dejar de hacer docencia política.

Por eso, en la actual coyuntura, la izquierda no debe desconocer que el fujimontesinismo sabedor de que, más allá de las encuestas, el porcentaje de ciudadanos en contra de su candidata ganaría por amplia mayoría en esta segunda vuelta, escudado en su “voto duro”, se viene disfrazando con llamativos membretes para promover intensamente en las redes sociales, y también por otros medios, el voto en blanco, nulo o viciado.

Los ciudadanos que aspiran a un Perú mejor, deben saber que en este caso el voto en blanco, nulo o viciado, solo servirá para el retorno de la mafiosa dictadura fujimontesinista. Y la izquierda no puede actuar con medias tintas.

 

 

 

Daniel Cumpa León Daniel Cumpa León

Empiezo aquí y deseo estar presente todas las semanas con temas afines y/o variados. Mi apuesta por la prensa alternativa vía Internet.