Balance y perspectivas de las elecciones

Una primera conclusión de estas elecciones asoma nítida: la democracia recuperada el 2001 corre grave peligro.

Publicado el: 08/04/2016 15:04
Balance y perspectivas de las elecciones

La primera cuestión que hay que deslindar es que el proceso electoral que comprende las elecciones del 10 abril, no es un proceso democrático. Y no lo es porque, como ya ha quedado demostrado, son los propios magistrados del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y los responsables del Jurado Electoral Especial (JEE), quienes han pisoteado el encargo que recibieron de respetar la voluntad ciudadana que se expresa en las distintas etapas del proceso.

¿Quién sino el JNE es el responsable de que candidatos aun no debidamente inscritos aparezcan en las encuestas que realizan las empresas que el propio JNE inscribe, supervisa y fiscaliza?

¿Por qué el JNE jugó con la ciudadanía invalidando su intención de voto favor del candidato Julio Guzmán, dejándolo fuera de competencia cuando registraba a su favor la intención de voto de 5 millones de ciudadanos que lo ubicaban en el segundo lugar de las preferencias?

¿Por qué se le aplicó a él y a César Acuña una dosis fulminante de “la ley es la ley”, que luego devino en una especie de medicina descontinuada para los demás candidatos infractores?

¿Desconocen los magistrados del JNE, que la Constitución Política del Perú es la “ley de leyes” y que su artículo 51° establece de manera inequívoca que: “La Constitución prevalece sobre toda norma legal; la ley, sobre las normas de inferior jerarquía, y así sucesivamente…”?

¿Por qué no se investigó la amenaza de muerte recibida por el presidente del JNE, Francisco Távara Córdova –según su propia denuncia–, producida en los días en que deliberaban si permanecía o quedaba Julio Guzmán?

¿Tenía que ver la amenaza de muerte con la posición del magistrado Távara en su dictamen en minoría, en la que, con acierto legal, sostiene que los cambios a la Ley de Partidos Políticos aprobados por el Congreso de la República después de convocado el proceso electoral no eran aplicables a estas elecciones, con lo cual ningún candidato hubiese sido retirado de la contienda?

¿Quién o quiénes filtraron su posición a los conspiradores externos, antes de que se conociera oficialmente?

El silencio cómplice, a excepción de Verónika Mendoza, quien solo manifestó su desacuerdo de palabra, y de Alan García, quien dijo que “sacar a Guzmán no le hace daño a la democracia” fue resultado del frío cálculo para participar en el festín antidemocrático del redireccionamiento de la intención de voto de esos 5 millones de ciudadanos, que deja a casi todos sin autoridad moral –aunque sí con capacidad legal– para cuestionar cualquier intento de fraude en adelante.

La DBA (Derecha Bruta y Achorada), calificación del periodista Juan Carlos Tafur, que cae a pelo también en esta oportunidad, calculó sacar a Guzmán porque su perfil reunía los principales requisitos para ganar a Keiko Fujimori en segunda vuelta, pues, no tenía pasado político que reprochársele ni actos de corrupción en su trayectoria laboral, a pesar que “Hildebrandt en sus trece” se olvidó de las más elementales reglas del periodismo para hacer parecer lo contrario. Y logró su cometido, pero a un alto costo, porque gracias a esa decisión aún no tiene seguro que Keiko Fujimori ganará en segunda vuelta, y, además, la composición del Congreso de la República será totalmente diferente a la que hubiera arrojado la permanencia de Guzmán.

Pero, evidentemente, habiéndose constatado las maniobras y la parcialidad del JNE y de los JEE, con la indiferencia de los partidos, una primera conclusión asoma nítida: la democracia recuperada el 2001 corre grave peligro.

Pugnas de primera y segunda vuelta

Ahora, sobre lo que acontece en el actual escenario electoral, hay que recordar que desde que el fujimorismo pugna por volver al poder, una ironía que estas elecciones generales confirmará, es que son los indecisos los que deciden, en última instancia, quiénes van a la segunda vuelta, y está claro que esta vez decidirán el segundo lugar no por quien haya logrado impactarlo positivamente, ya sea por su liderazgo o por sus propuestas, sino –por negativo–, por ser el candidato o la candidata que menos temor y desconfianza les producen.

(Esto es, lógicamente, la cosecha de la crisis de los partidos políticos –sin excepción–, frente a lo cual los poderes mediáticos ocupan los espacios con una voracidad mercantilista donde campea la corrupción).

Sin embargo, el panorama no pinta claro si es seguro que cualquiera que fuere el beneficiado por esos votos ganará sí o sí en segunda vuelta a Keiko Fujimori.

Por ejemplo, existe la sensación que PPK ganaría a Keiko, porque prevalece en la opinión de los menos informados –que son los más–, una imagen suya como tecnócrata eficiente interesado en ser presidente del Perú al final de su carrera y, para otros, un poquito más informados, poniendo en la balanza la trayectoria de PPK, el lobista más acreditado en las grandes ligas de los negocios pasaría piola frente a la mochilaza que ahora Keiko dice no querer cargar.

En caso de ser Alfredo Barnechea, candidato de Acción Popular, el beneficiado por los votos de los indecisos que deciden el segundo lugar, le ganaría a Keiko Fujimori sin mucho drama de por medio, porque en una hipotética segunda vuelta las desdichas de su antipatía pasarían a un segundo plano y mantendría viva y en primera línea la confrontación anticorrupción vs. corrupción. Además, insistirá en propuestas, incluida la del gas –que es una bandera de la izquierda–, que lo diferencian de sus contrincantes y le aportan credibilidad en tanto se trata de objetivos alcanzables en un quinquenio, que es lo que dura el mandato de un presidente.

Y es indudable que para amplios sectores de clase media –en todos sus estratos–, tanto PPK como Barnechea, les son amigables en tanto se trata de candidatos que, al fin y al cabo, mantendrían el modelo económico.

Sin embargo, en el caso que fuera Verónika Mendoza la ganadora del segundo lugar –la candidata de la izquierda que política e ideológicamente representa el cuestionamiento no solo del modelo económico sino de todo el sistema–, la derecha hará lo imposible a fin de que la contienda entre Mendoza y Fujimori no luzca como un enfrentamiento entre anticorrupción vs. corrupción, sino como una batalla épica por la defensa del sistema vs. la destrucción del sistema, cosa que ya empezó a hacer con una batería recargada con ideas del siglo pasado que amenazan lograr gran impacto en sectores decisivos de la población debido a que la izquierda no ha hecho nada sustancial para hacerse entender ni en esos ni en otros sectores, en gran medida, porque también arrastra algunas ideas del siglo pasado, entre otras significativas limitaciones.

La única alternativa que la quedaría a Verónika Mendoza, en esas condiciones, es demostrar que la izquierda es capaz también de replantear su oferta electoral –no una nueva hoja de ruta, porque Ollanta Humala mató su credibilidad–, sino un plan mínimo como bases para un desarrollo inclusivo, coherente, posible de realizar en cinco años y con disposición de diálogo político abierto para generar consensos con transparencia y sin negociar los intereses del Perú.

Al fin y al cabo, el debate a lo largo de esta hipotética segunda vuelta le brindaría a la izquierda oportunidades para demostrar que los conservadores reaccionan aterrorizados cuando desde una posición progresista se plantea que el Estado se involucre a fondo en atender las necesidades de la población, pero que no se hacen ascos cuando ponen al Estado de rodillas para satisfacer sus intereses económicos que venden como si fuesen los intereses del país.

Y también para recalcar que el “no a Keiko” –posición que trasciende las fronteras de la izquierda– es la respuesta de la reserva moral del país frente a los epígonos de una dictadura, la fujimontesinista, que se empeñan en hacer creer a quienes no vivieron sus consecuencias, que no robaron, que no usaron el poder para fines subalternos y que no engañaron ni se burlaron de la voluntad ciudadana que los apoyó en el inicio de su gobierno.

¿En qué parte del mundo es posible que se le premie a ese dictador haciendo realidad su sueño de ver convertida a su hija en Presidente de la República para sentirse rehabilitado y libre y reiniciar y profundizar la corrupción y la impunidad a todo tren?

¿De dónde sacaron tanto dinero para empapelar y pintar todo el país con el atosigante nombre de Keiko?

El 10 de abril de 2016, constituye una buena oportunidad para decirles ¡Basta ya! Por lo menos, Alan García, ya fue…salvo que esta vez también haga lo que le hizo a su ahora socia Lourdes Flores en el 2006: fraude en mesa.

 

 

Daniel Cumpa León Daniel Cumpa León

Empiezo aquí y deseo estar presente todas las semanas con temas afines y/o variados. Mi apuesta por la prensa alternativa vía Internet.