Cuando ser madre lo cambia todo

Portalperu rinde homenaje a las madres desde el testimonio de una de nuestras columnistas. Una historia de vida relatada con pasión de madre y enorme babero.

Publicado el: 06/05/2016 13:05

A los 43 años decidí ser mamá. Todo era propicio. Había terminado los estudios del máster que me llevaron a España. Tenía una pareja maravillosa que deseaba ser padre con toda el alma. Podía tomarme un año sabático y disfrutar de la dulce espera en calma sin estrés laboral. Mi momento había llegado.

Hasta entonces nunca me había interesado la maternidad. Era adicta al trabajo y me gustaba vivir a tope. A fin de cuentas era una soltera sola en una ciudad tan cosmopolita como Madrid, con la única responsabilidad de cuidar de mí misma.

Trabajaba las horas que hacían falta, iba al gimnasio con frecuencia, era noctámbula y fiestera. Viajaba mucho, me gustaban las películas de terror y odiaba los dibujos animados. No me perdía el noticiero nocturno, estaba a favor del aborto y veía la vida con la rapidez con que hojeaba el periódico por las mañanas.

Una vez me dijeron que ser madre cambiaría mi vida para siempre y no me lo creí. Hoy siento que mi mundo ha dado un giro de 360 grados. Ya no soy la misma de antes. Yvette pasó a un segundo plano. Ahora soy la mamá de Leire y estoy muy orgullosa de ello.

Como mamá trabajo las 24 horas al día, los 365 días del año. Nunca tengo permisos ni puedo faltar. Dije adiós a la oficina. Ahora trabajo en casa durante pocas horas porque el mayor tiempo se lo dedico a mi niña.

No tengo jefe a quien rendir cuentas, pero si la enorme responsabilidad de hacer de Leire un mejor ser humano. Y aunque muchas veces me siento desbordada con la tarea recupero fuerzas al instante con cada sonrisa de mi pequeña.

Para ser mamá no he necesitado estudiar. Estoy aprendiendo en el camino porque ser madre es una fuente imparable de aprendizaje que demanda creatividad, innovación, constancia y sobre todo altas dosis de paciencia.

Por ahora no necesito ir al gimnasio. Sudo la gota gorda corriendo detrás de mi nena cada vez que la llevo a jugar al parque o le enseño a bailar. Como buena juerguera no me pierdo ninguna fiesta infantil y he cambiado el gusto a la cerveza por unas “claritas” (gaseosa de limón con cerveza sin alcohol) y cocteles vírgenes.  

De momento he aparcado mi alma viajera en la tranquilidad del hogar, al menos hasta que Leire tenga edad para disfrutar conociendo nuevos lugares.  He dejado de ver películas de terror porque me ponen muy nerviosa y siento que ese nerviosismo se lo puedo transmitir a mi niña. Sin embargo, ahora me agradan los dibujos animados. Son mi entretenimiento de las tardes cuando tomo lonche junto a mi nena.

Cada vez veo menos televisión, sobre todo los noticieros. Hay mucha violencia en ellos y no quiero compartirla con mi niña. Felizmente existen las redes sociales y antes de dormir puedo leer en mi móvil lo que publican los medios de comunicación peruanos y españoles.

Siento que estoy creciendo junto a Leire. Ahora soy más sensible, más humana y tierna pero a la vez tengo mayor fortaleza y nuevas metas. Cada día me sorprendo de mí misma. Veo la vida desde otra perspectiva, positiva y motivada. Y aunque mi trabajo no es remunerado, pienso que es el mejor del mundo. Uno que me hace llorar de alegría, que me premia con besos y abrazos, que me permite jugar siendo adulta, con el que puedo aprender de mis errores y ser generosa y tolerante. Definitivamente ser madre lo cambia todo, para bien, para mejor y para siempre.  

Yvette Egocheaga Yvette Egocheaga

Periodistas, magister en la Universidad Complutense, pero ante todo y por encima de todo: madre. Limeña afincada en Barcelona, pero con el corazón en el Perú.