Cataluña versus España, las consecuencias de una separación

¿Los extranjeros tendríamos que optar por la nueva nacionalidad catalana o quedaríamos marginados? ¿Perderíamos los derechos de los que gozamos en España? Este domingo Cataluña decide si se independiza de España.

Publicado el: 25/09/2015 11:09

Faltan dos días para los comicios más desafiantes de la historia de España. Cataluña, la segunda comunidad más importante del país, con su capital Barcelona, y uno de los motores de la economía, decidirá este domingo en las urnas si se independiza de España y se convierte en un estado soberano.  

El proceso de secesión seguiría adelante si los soberanistas obtienen la mayoría absoluta de escaños en el Parlamento catalán. Inmediatamente pondrían en marcha todos los mecanismos para crear el nuevo Estado. Declararían unilateralmente la independencia, elaborarían una nueva Constitución y tejerían las estructuras necesarias para la nueva República  (Hacienda propia, Seguridad Social, infraestructuras energéticas, seguridad ciudadana, representaciones en el exterior, sistema educativo y de salud, y un largo y complicado etcétera).    

Las últimas encuestas ponen este virtual escenario cerca de la realidad. La agrupaciones independentistas, encabezados por Junts pel Sí (Juntos por el Sí en catalán) y la CUP (Candidatura d'Unitat Popular), unidas alcanzarían la ansiada mayoría parlamentaria.

El argumento de los secesionistas se basa en los históricos deseos que tienen de apartarse de una España que, según ellos, los habría obligado a anexarse a su territorio en la época monárquica, además de recuperar la voluntad de autogobernarse y de hacer prevalecer su identidad cultural. A ello se sumaría el trato económico injusto al que consideran se ha sometido a su Comunidad. Dicen salir perjudicados en el reparto de fondos del Estado al que contribuyen y del que poco reciben.

Justificaciones válidas y falaces sobran como tipos de soberanistas existen. Sin embargo, lo que preocupa son las consecuencias políticas, económicas y sociales que traería esta separación y que podrían condenar a Cataluña a un aislamiento de España, de Europa e incluso de Latinoamérica.

Una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea (UE), del euro y del espacio Schengen que garantiza la libre circulación de personas por los países de la UE. Con ello se podrían volver a establecer fronteras y a necesitar visados. Esto además perjudicaría al turismo, una de las principales fuentes de ingreso que tiene la Comunidad.

La banca española, incluidos dos bancos catalanes, ya ha alertado de los riesgos de abandonar la zona euro y amenazan con “reconsiderar su implantación” en una nueva Cataluña que no les ofrecería seguridad jurídica. Similar posición han tomado las empresas grandes y pequeñas, nacionales y transnacionales entre las que está Telefónica. 

Cataluña dejaría también de pertenecer a organizaciones internaciones como Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el G-20, la OTAN, entre otras. Además, dejaría de suscribir acuerdos internacionales en temas económicos, sociales, de defensa y más. Su reincorporación deberá ser fruto de negociaciones que en la realidad podrían durar muchos años.

La canciller alemana Ángela Merkel y el primer ministro británico David Cameron, han reiterado que la declaración de independencia de Cataluña provocará su salida de la UE y le pondrá a la "cola" para volver a ingresar como Estado miembro. El presidente Barack Obama se pronunció a favor de una España “fuerte y unificada”. El papa Francisco I ha manifestado que "la independencia por secesión es el desmembramiento de un pueblo". Mario Vargas Llosa ha dicho que “si una mayoría apoyara esto (la independencia), España y Europa sufrirían", haciendo hincapié en que "la verdadera catástrofe sería para Cataluña, que pasaría a ser un pequeño país marginado fuera de Europa y del euro, gobernado por fanáticos”.

En épocas de globalización, de alianzas internacionales para acabar con los problemas comunes que aquejan a los países, de eliminar barreras fronterizas, de comunicación más allá de la diferencia de lenguas o idiomas, un divorcio arbitrario como éste pone en peligro el futuro de una Comunidad formada no sólo por catalanes, sino también por sus connacionales del resto de España y por miles de extranjeros que vivimos en ella. Ha desatado la crispación, la fractura de la sociedad  y pone en riesgo la propia convivencia entre quienes están a favor y en contra de la independencia.

Como ciudadana de a pie, una de las tantas inmigrantes con nacionalidad española que vive en Cataluña y que tiene el derecho a votar en estas elecciones, me hago una serie de preguntas. Si Cataluña se va de España y se convierte en un pequeño país aislado ¿Qué ocurriría con nuestros ahorros en los bancos, que sin duda no ofrecerían las mismas condiciones en caso de la separación? ¿Cómo quedarían nuestras hipotecas? ¿Cuántas empresas y entidades financieras se marcharían?¿Cuántos empleos y puestos de trabajo se perderían? ¿Los extranjeros tendríamos que optar por la nueva nacionalidad catalana o quedaríamos marginados? ¿Perderíamos los derechos de los que gozamos en España? Y muchas más interrogantes aún sin respuesta.

Yvette Egocheaga Yvette Egocheaga

Periodistas, magister en la Universidad Complutense, pero ante todo y por encima de todo: madre. Limeña afincada en Barcelona, pero con el corazón en el Perú.