La sociología y el fujimorismo

El fujimorismo se trata de explicar por el clientelismo tradicional del que hizo uso Alberto Fujimori, o de “votantes ingenuos”, o de irracionales “electarados”. ¿Pero se está haciendo un estudio serio para analizarlo?

Publicado el: 16/06/2016 10:06

Paulo Drinot, historiador peruano, acaba de afirmar en una entrevista para el diario español El País que el “gran reto es entender y explicar el fujimorismo”. Semejante afirmación no carece de razón. Si alguien por allí creyó que luego de unas recientes elecciones perdidas el fujimorismo desaparecería, su tercera elección perdida luego del retorno de la democracia, ello solo cabe en la imaginación del creyente religioso. El análisis para entender y explicar al movimiento naranja no se debe limitar en absoluto a unas elecciones perdidas como el fanático antifujimorista sugeriría, sino va más allá tocando incluso las fibras de la sociología, la historia y otras ciencias, que tienen entonces tremendo reto.

Si la atrevida afirmación de Drinot es cierta, entonces surge una primera duda, ¿dónde estuvieron los sociólogos y politólogos durante los últimos dieciséis años que no explicaron de manera seria un fenómeno político que ha crecido con cada elección perdida? No obstante, lo único que tuvimos, desde la sociología militante todos estos años son afirmaciones simplistas y sencillas que repetidas una y otra vez se hicieron axiomas. Así, en ese razonamiento, el fujimorismo solo se explica por el clientelismo tradicional del que hizo uso Alberto Fujimori, o de “votantes ingenuos” (como sugiere Vargas Llosa), o de irracionales “electarados” como otros despliegan. Tamañas razones ya no son válidas para entender al fujimorismo como fuerza política.

Quizá haya otras aproximaciones que intenten explicar por qué el fujimorismo se resiste a morir, como alguna vez pasó con el odriísmo. Primero que quizá haya dos lados (A y B) del fujimorismo. Es cierto, nadie puede dudar, ni la propia ex candidata fujimorista se ha atrevido a soslayar el lado A del fujimorismo. Este lado A del fujimorismo está asociado a violación de derechos humanos, bochornosos delitos de corrupción y otros varios. Sin embargo, aquella narrativa no es la única. El lado B del fujimorismo se asocia a la recomposición de la economía peruana, apoyó en la derrota al terrorismo y llevó el estado a los rincones del país, un estado patrimonial no cabe duda. Otra segunda aproximación es que quizá los partidos políticos no han muerto como algún inadvertido politólogo sugiere. Es claro que el fujimorismo es aún un movimiento, pero cada vez más se parece a un partido político, partidos que dicho sea hoy apenas se sostienen. Que Keiko recorra el país pueblo a pueblo debe significar la construcción de un partido.

Quizá, la otra aproximación es observar los resultados de las elecciones. No es casual que los sectores C, D y E hayan optado por el fujimorismo. Es decir, la clase media emergente que de alguna u otra manera se identifica con el fujimorismo. La sociedad popular y emergente intenta representarse políticamente en el fujimorismo, aunque aún débil. En suma, el tiempo será el mejor juez y otras explicaciones y aproximaciones habrá para entender al fujimorismo.     

Iván Arenas Ramírez Iván Arenas Ramírez

Comunicador, músico, contestatario, huachano y caminante permanente del país.