Gabo y Vargas Llosa

¿Qué habría pensado Gabo del “giro copernicano” de su ex amigo Vargas Llosa? Seguramente se habría muerto, pero de risa y habría pensado en escribir una historia triste.

Publicado el: 02/07/2015 21:07

No era un hombre feliz. Esa sería la mejor y la mayor de las razones para dejar un barco que navegó hace cincuenta años. No lo dejó naufragar, simplemente se retiró. Cincuenta años. Medio siglo para decirlo de otra manera. No era feliz con Patricia, su prima. El diario El Mundo de España ha necesitado ponerlo en condicional y dejar las noticias fidedignas en manos de otras personas y simplemente fiarse de ellas. Publica lo que le cuentan, lo que le dicen. Al fin y al cabo no se sabe exactamente cuál de los dos -si Mario o Isabel- vale más para los tabloides de farándula.

Ya Gabo, en cierta entrevista habría referido que “un hombre puede ser infiel pero nunca desleal”. No es lo mismo. Un infiel va presuroso por la vida rompiendo corazones, abandonando promesas, dedicando lloros y lamentos, pero regresa al final del día. Un desleal, nunca regresa. ¿Acaso Gabo fue infiel? Probablemente sí, probablemente no. Dicen que el puñetazo de Mario a Gabo- que le dejó el ojo morado- fue por Patricia. Por un supuesto ronroneo a “la niña de nariz respingada”. Eso tampoco lo sabremos porque Gabo se fue y Vargas Llosa juró no hablar del tema. Gabo  no pudo leer el monólogo que envió Patricia a los medios de prensa aduciendo que en Princenton la reunión fue para celebrar el Honoris Causa y las cinco décadas de amor a pesar de todo. Que el tórrido amor era un bluf de Hola, la revista casera de la filipina. Se perdió así el penoso monólogo de Patricia viendo llover en Lima, “la ciudad más triste”, como Herman Neville -el de Moby Dick- llamó a la ciudad de los Reyes. Todo eso, si estuviera entre nosotros.

En sus memorias, Vivir para contarla, Gabo habla de una mujer. La nigromante. No habla de más. De más mujeres es decir. Por eso no sabremos nunca si fue infiel o desleal. No es bueno hablar de alguien que no está. Pero solo por decir algo certero, a pie juntillas diremos que nunca se separó de Mercedes Barcha, la mujer que lo acompañó aquella mañana de agosto de 1966 -según lo cuenta Gerald Martin en una famosa biografía del caribe- a la oficina de correos para enviar las cuatrocientas noventa páginas de Cien años de soledad a una editorial en Buenos Aires, Argentina. No tenían nada más que cincuenta pesos de manera que Gabo fue haciendo que el funcionario quite una a una las hojas para llegar al peso que el dinero podía pagar. “Volvieron a la casa, empeñaron la estufa, el secador y la licuadora. Regresaron a la oficina de correos y enviaron el segundo bloque. Al salir, Mercedes se detuvo y encaró a su esposo: “Oye, Gabo, ahora lo único que falta es que esa novela sea mala”. Todo eso lo escribe Martin y nos queda claro que allí no pudo haber nunca deslealtad sino solo infidelidad, eso sí, con mucho amor.

A Vargas Llosa le falta un año para que llegue a los ochenta. Se supone que el resto de su vida será feliz. Con la filipina claro. Casi todo hombre que ha estado en el centro del huracán de la historia quiere -al final de sus días- escribir sus memorias. “El sabio” el personaje principal de “Memoria de mis putas tristes” la novela de Gabo basada en Yasunari Kawabata decidió que festejaría su cumpleaños noventa con una adolescente virgen. Quiso irse feliz. Ilusionado. Probablemente Vargas Llosa encuentre la ilusión de sus últimos días al lado de otra mujer que no es adolescente (así le ha dicho a Patricia según El Mundo)

¿Qué habría pensado Gabo del “giro copernicano” de su ex amigo Vargas Llosa? Seguramente se habría muerto, pero de risa y habría pensado en escribir una historia triste.  Una historia de lo real maravilloso, del realismo mágico más puro. Imaginen una historia que empiece así, en tercera persona: “A sus ochenta años “El Poeta” descubrió que no fue feliz…”.

Iván Arenas Ramírez Iván Arenas Ramírez

Comunicador, músico, contestatario, huachano y caminante permanente del país.