Alegato por Cachuca y Los Mojarras

Un videoclip que despertó la ira de incluso sus fieles seguidores. ¿Ha sido un tema compuesta a pedido, por encargo, para defender la gestión del alcalde Castañeda?

Publicado el: 17/06/2015 13:06

Las redes sociales se transforman en la voz de un dios llamado “pueblo digital” y este dios ha sido ofendido por un Condori, hijo de Lima provinciana, la más grande ciudad andina del Perú. Así es estimado lector, Cachuca y Los Mojarras han vuelto al video clip con una nueva canción: “Vamos muchachos”.

La canción ha resultado toda una diatriba, un insulto para los muchachitos nativos digitales y para los no tan muchachos que odian a Castañeda con todas sus fuerzas. La intolerancia ha rebasado límites, llega a la frontera de la acusación de que la canción, el autor y el grupo tienen precio, pagado por el mismo Castañeda, el alcalde que les borró sus muros y los volvió a pintar de amarillo como los colores de su partido Solidaridad Nacional.

Es el mismo Cachuca (autocalificado como “poeta”) y su grupo Los Mojarras los que alguna vez fueron la voz, el arte musical de la Lima provinciana. Combinó la chicha de los conos, la cumbia peruana con el rock pesado lleno de riff y solos de guitarras a la que sumó una voz rasposa, como de aguardiente. Los Mojarras salieron allá por inicios de los noventas en el Perú del fujimorato cuando esa Lima provinciana no pretendía ser clase media emergente sino sobrevivir en una ciudad desconocida a la que con empuje y esfuerzo terminaría conquistando. Los Mojarras le pusieron el soundtrack a una conocida novela –Los de arriba y los de abajo- que noche a noche reflejaba las pericias de ese nuevo limeño que no sucumbía a la desidia del Estado y que amparado en la informalidad creaba riqueza sin mirar atrás (ojo con la Sunat).

Pues bien resulta que a los muchachitos del ayer y los de hoy no les gusta la mencionada canción (Vamos muchachos) que defiende el tercer carril de la Costa Verde que la Municipalidad Metropolitana de Lima construye para mejorar la calidad de vida de una ciudad de diez millones de habitantes. Es fácil criticar cuando se tiene la ciudadanía completa. Tienes agua, luz, desagüe, seguridad (pagada) buena educación, cobertura de salud y eres ciudadano del mundo vía las redes sociales.  Desde esa cómoda posición puedes  criticar a Cachuca y su grupo rockero por pedir lo que el común del limeño-hijo-de-provinciano quiere: una mejor ciudad. Y esa mejor ciudad se construye. Por eso es un taxista (Cachuca) el quien canta y no un rockero “vendido” al postor llamado hoy Castañeda. 

Estimado lector antes de criticar destructivamente insinuando que Cachuca y Los Mojarras pasaron por “caja” tal como los amigos del “NO” villaranista lo hicieron es bueno echarle un ojo a la otra Lima, la provinciana. Verás que allí hay una afición por las obras, por la política práctica, por la construcción y por un Estado eficiente que bajo su manto solían tener éxito los de apellidos pomposos, extranjeros y de ojos azules. Ahora, afortunadamente, también son exitosos los quispes, mamanis y condoris.

Con razón David Brading, ese estupendo historiador inglés decía de Lima que era “hija de sevillana y nieta de sultana” y quién sabe hasta biznieta de ayacuchana. Vamos muchachos, vamos Cachuca.       

Iván Arenas Ramírez Iván Arenas Ramírez

Comunicador, músico, contestatario, huachano y caminante permanente del país.