La lección olvidada de la captura de Abimael Guzmán

Han pasado 24 años de la captura de Abimael Guzmán y poco se ha aprendido de la lección que dejó la aparición de Sendero Luminoso.

Publicado el: 12/09/2016 10:09
La lección olvidada de la captura de Abimael Guzmán

Aquel pueblo que olvida su historia está irremediable condenado a repetirla, decía Marco Tulio Cicerón con muchísima razón. En el Perú, pareciera que pensamos lo contrario. Padecemos de amnesia colectiva o estamos afectados del virus de la indiferencia política y social. Ese estado de catalepsia histórica debe terminar. Los peruanos estamos en la obligación de conocer, recordar y transmitir lo que sucedió en el Perú, en especial aquello ocurrido en la historia reciente, cuando el país entero se sumergió en un dramático período de violencia que costó miles de vidas y significó destrucción.

En mayo de 1980, Sendero Luminoso irrumpió con su lucha armada contra el Estado peruano con el supuestos argumento de cambiar el sistema y terminar las injusticias para beneficiar a los más pobres, entre los cuales están, obviamente, los campesinos. Sin embargo, la paradoja es que la gran mayoría de las víctimas de ese período aciago fueron los propios humildes hombres y mujeres del Perú profundo, y no solo por los excesos de las fuerzas de orden, sino por acción de quienes decían defenderlos, es decir, los senderistas. Allí están los cientos de muertos en Lucanamarca, Uchuraccay y otras decenas de comunidades serranas y selváticas que confirman la barbarie de los “justicieros” que arrasaron con todo aquel que se opusiera a su ideología.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad (CVR) sostiene que tres de cuatro víctimas fueron campesinos o campesinas, y agrega que así se puso en evidencia el profundo desprecio por la población más desposeída del país, tanto por parte de Sendero Luminoso como por los agentes del Estado por igual. Razón no le falta.

Durante casi doce años, la violencia sediciosa creció incontenible, primero en el campo, y luego se trasladó a la ciudad con la secuela de aniquilamientos, coches bomba y apagones. Fue tal el avance subversivo en todo el país, que el grupo maoísta comenzó a pregonar que habían ingresado a una etapa que denominaron “equilibrio estratégico”, consistente en que, supuestamente tenían un poderío similar a las fuerzas armadas. Algunos antiguos senderistas sostienen aún hasta ahora que alcanzaron esa fase, aunque los hechos demuestran lo contrario. Si Sendero hubiese alcanzado llegado al “equilibrio estratégico”, no habría sido descabezados por un grupo policial en un período tan relativamente corto.

La captura de Abimael Guzmán, ocurrida el 12 de setiembre de 1992 que los senderistas llaman eufemísticamente solo como detención, echó por tierra las pretensiones totalitarias de Sendero Luminoso y destruyó el mito creciente de que el llamado presidente Gonzalo era invencible. Además, significó la derrota militar del maoísmo peruano, aunque el aspecto político es todavía una tarea pendiente del Estado.  

Han pasado 24 años de aquel capítulo difícil de la historia, pero, lamentablemente, la clase política y los sectores académicos, que en la década del ochenta reaccionaron con perplejidad cuando estalló la violencia, están repitiendo los mismos errores. Simplemente no han aprendido la lección.

El caldo de cultivo que generó la aparición de Sendero Luminoso continúa vigente. Las causas de la profunda crisis peruana no han sido atacadas a cabalidad por los sucesivos gobiernos, con un agravante adicional: la corrupción se ha enraizado en el país, es más visible, y es un elemento adicional que puede atizar la violencia social y política en cualquier momento.

No se puede negar que Sendero Luminoso puso en la agenda nacional la necesidad impostergable de realizar reformas sociales radicales, pero muy poco se ha avanzado en ese campo. La derrota militar-policial senderista no ha significado que las causas que la generaron hayan sido eliminadas.  Bajo un régimen democrático que no consigue institucionalizarse en un sistema de partidos representativos de los sectores más amplios de la sociedad, un país en la que persisten las iniquidades y las injusticias se mantienen, las posibilidades de estallidos de violencia social son realmente altas y preocupantes.

El Perú no puede olvidar su historia.  Las generaciones de jóvenes deben conocer lo que sucedió en el país solo apenas tres décadas. Las lecciones del pasado deben servir para enmendar los errores, construir un país con justicia social, equidad y una democracia real, para evitar que capítulos tan sangrientos como los ocurridos en la década del 80’ y parte del 90’, vuelvan a ocurrir.

Vìctor Tipe Sánchez Vìctor Tipe Sánchez

Periodista profesional. Huamaguino con orgullo. Cuestionador de la praxis política en el Perú en todas sus vertientes, desde la extrema derecha hasta la izquierda más orillada y encendida.