El caso Rafo León y la libertad de expresión

Quien emite opinión en un medio de comunicación está ejerciendo el derecho a la libertad de expresión y no puede, de ninguna manera, incurrir en delito porque en el Perú no hay delito de opinión.

Publicado el: 05/05/2016 16:05
El caso Rafo León y la libertad de expresión

La batahola mediática que siguió a la sentencia contra el periodista “Rafo” León, acusado del delito de difamación, ha soslayado un análisis más detenido respecto a este caso y su real significado respecto a la libertad de expresión en el Perú.

En primer lugar habría que preguntarse qué tipo de artículo escribió Rafo” León en el semanario Caretas que motivó la denuncia de Martha Meier Miró Quesada. ¿Fue un informe? ¿Una crónica? ¿Un reportaje? Para quienes tienen formación periodística es sencillo saber que el periodista escribió una columna de opinión, entiéndase bien, opinión, lo cual, finalmente, tiene vital importancia en este caso.

En segundo lugar, tendríamos que establecer si en la legislación peruana existe alguna mención sobre los delitos de opinión y encontraremos, nada menos, que la Constitución Política del Perú lo menciona expresamente en el artículo segundo, numeral 3. No hay delito de opinión, dice el máximo cuerpo legal del país.   

El numeral 4 de ese mismo artículo constitucional señala, además, que toda persona tiene derecho a las libertades de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la imagen por cualquier medio de comunicación social (…).  Más claro, ni el agua.

Establecida estas premisas, se infiere que quien emite opinión en un medio de comunicación está ejerciendo el derecho a la libertad de expresión y no puede, de ninguna manera, incurrir en delito porque en el Perú no hay delito de opinión. ¿Cómo hizo, entonces, la jueza Susan Coronado para sentenciar a “Rafo” León? Demasiado raro, sobre todo, cuando ninguna norma legal puede estar por encima de la Constitución. La magistrada debe esta explicación.

Ahora bien, de otro lado, la señora Meier demuestra intolerancia. Acostumbrada a escribir ácidas columnas de crítica contra tirios y troyanos en el diario de su familia, no soportó que alguien le diera una sopa de su propio chocolate y solo encontró el camino de denunciar al autor. ¿No pudo responder a León a través de otro artículo?  Le faltó clase y recursos periodísticos.

Lo injusto de la sentencia en su contra no libra a León de ciertos cuestionamiento sobre su reacción posterior. Nadie puede tener arrebatos amenazantes ante una magistrado (a), como ocurrió con el periodista de “Caretas” quien con voz destemplada le anunció el “fin de su carrera judicial” apenas escuchó el fallo. Aquel no fue un acto de valentía, sino de soberbia, una altanería que no está de acorde con su trayectoria profesional.

Lo cierto es que el caso “Rafo” León se produce en un contexto preocupante para la prensa nacional, pues representa un eslabón más de una cadena de hechos relacionados a la labor periodística y la libertad de expresión en el Perú.

Por los menos dos casos más han saltado a los titulares en los últimos meses debido a cuestionables decisiones judiciales: el de Manuel Valencia, ex director del Diario16 y Juan Méndez, periodista chimbotano actualmente preso.

Ojalá no sea el preludio de tiempos peores para el periodismo nacional. 

Vìctor Tipe Sánchez Vìctor Tipe Sánchez

Periodista profesional. Huamaguino con orgullo. Cuestionador de la praxis política en el Perú en todas sus vertientes, desde la extrema derecha hasta la izquierda más orillada y encendida.