¡Asu madre, mamá!

Reflexiones a propósito del "Día de la Madre". Una visión singular sobre este tema.

Publicado el: 07/05/2015 15:05
¡Asu madre, mamá!

¿Saben ustedes quiénes esperan con más ansias el Día de la Madre? Los negociantes, por supuesto. Los demás somos sus invitados. Encima, en el mundo entero, no todos lo celebran en la misma fecha, ni a la misma mamá, porque otros celebran a sus Madres Patrias.
Este mismo artículo no está escrito para celebrar la pleitesía hipócrita de una sociedad como la nuestra, aunque tampoco pretende aguar las fiestas ni de pitucos, ni de misios (prohibido ofenderse por favor).
No todo debe ser celebración, sino también reflexión. Por supuesto, no pedimos que en medio de la jarana y las jarras de cerveza, alguien se levante a hablarnos, que la mamá por aquí, que la mamá por allá y se enganche en una perorata de dos horas.
Sin embargo, sinceremos un poco más el tema, porque no todos celebrarán la fecha en el mismo sentido y menos con las mismas ganas.
Aquellos niños que pasan sus noches durmiendo en las calles, después de vagar o vender caramelos en el día, ¿celebrarán la fecha? El pandillero, el “fumón” (perdonen la crudeza semántica), el ludópata, el borracho crónico y el delincuente (de cualquier laya), esconden un trauma o trastorno generado en el hogar, donde hubo o no hubo una madre.
Nuestra reflexión está orientado a las madres que no pudieron o no supieron superar sus problemas emocionales y que los heredaron de generación en generación. Problemas emocionales que se transforman en maltratos infantiles, desde la agresión verbal o física hasta el más vil abandono.
Madres que cumpliendo el rol más hermoso de traer un hijo al mundo, también se transformaron en las más sanguinarias maltratadoras, quemando a sus hijos con planchas  o sentándolos en ladrillos calientes porque se orinaron en la cama. Tan grave como el abandono incluso por vivir la vida loca o despacharse con otros hombres.
Pero los problemas o traumas no sólo se producen en las madres de las zonas populares, también en las clases altas, donde los hijos sufren el abandono clásico de padres adinerados que esperan que todo lo solucione la nana en la residencia; el Kinder y el psicólogo y los amigos en el balneario de Asia o en Miami.
Por eso vivimos en una sociedad donde nos topamos en las calles con gente inmadura, agresiva, esquizofrénica, ansiosa, con muchas características de sicópatas que no saben lidiar con sus problemas emocionales y que no les permite además tener una calidad de vida satisfactoria. Sería ocioso recordar a cuántos abogados, fiscales, catedráticos, artistas y personalidades hemos visto en situaciones bochornosas haciéndolo escándalos y propagados por la televisión.
Pues bien, si asumimos que hay una responsabilidad personal por nuestros actos en cada uno de los hogares -incluídas las mamitas-no menos es la responsabilidad del Estado, a través del ministerio de la Mujer o el Inabif, que tienen insuficientes planes  para afrontar los altos niveles de violencia familiar.
Es de suma importancia que se sumen el Colegio de Sicólogos, la membresía de los siquiatras y nuestros renombrados terapeutas radiales, si es que no queremos que sigamos entregando a la sociedad hijos con problemas emocionales.
Como sociedad tenemos que reaccionar para acabar con esa herencia y círculo vicioso de repetir las historias familiares de violencia que sólo perpetúan nuestros traumas.
Por eso en el “Día de la Madre”, tenemos que dar el primer paso y aceptar que éstos son problemas reales que debemos afrontar y solucionar. No tengamos vergüenza de asumirlos porque no es cosa solo de locos, también de personas normales.

(Foto: www.starmedia.com)

Enrique Vivar Enrique Vivar

Periodista proveniente de las canteras de la Universidad Mayor de San Marcos. Confeso hombre de izquierda y crítico implacable del status quo.