Simplemente, Genaro Delgado Parker

A sus cercanos 90 años, sigue haciendo planes, proyectando negocios. Su lucidez es maravillosa, no usa lentes, ni audífonos. Su problema es que ya no puede caminar.

Publicado el: 26/02/2016 14:02
Simplemente, Genaro Delgado Parker

Mientras saboreaba un salmón en tiradito, levanto la mirada y veo que en silla de ruedas se va acercando nada menos que Genaro Delgado Parker; sentí emoción al verlo en el otoño de su vida. No pude evitar trasladarme a los años en que mi padre producía el programa: “El Hit de la Una” que conducía con acierto Fidel Ramírez Lazo, un cholo chiclayano muy desenvuelto que con singular estilo campechano conquistó la teleaudiencia. Tampoco pude substraerme de recordar cuando su cuñado Fernando Torres Tesoline, me nombró, luego de un concurso, como administrador de radio Expreso, 985 Kcs, a finales de los sesentas, siendo yo un jovencito lleno de ilusiones.

Nos saludamos, le recordé, por si las moscas, mi nombre, si lo sé, me dijo apretando mi mano que extiendo al hombre genial, a veces maltratado, un ser con virtudes y defectos.

Genaro, le pregunto, usted tiene una frase célebre “las deudas antiguas no se pagan, y las nuevas hay que esperar que envejezcan”. "Nooo, Silva", me dice levantando la voz, pero con cortesía. Sonríe. "Mire usted, esa frase me la colgaron cuando hace años en una reunión alguien la dijo y me hizo tanta gracia que la repetí varias veces y desde ahí corrió la voz que era mía".

Llama al mozo y pide un trozo de atún que come con paciencia, saboreándolo lentamente, remojándolo en salsa, al terminar ordena una causa con pulpa de cangrejo que la termina.

De pronto deja de comer y me dice: El Saoco, lo recuerda, y respondo que sí, su padre era audaz nadie daba medio a la idea de poner una light club en Chorrillos, me acota y como si de pronto llegaran a su mente otros nombres y lugares, me habla de un personaje limeño muy antiguo al cual conocí siendo yo aún joven, pero cuyas anécdotas quedaron grabadas en el imaginario de la gente de entonces; aprovecho y le corrijo que no era Juan Ureta Mille, era su hermano, Pedro Ureta de quien se dice que una vez en un juicio por pago de soles, se hizo pasar por loco, el juez le preguntó si estaba loco porque él no le creía, entonces, ante la sorpresa de todos, se bajó el pantalón y se embarró de heces, mire si no estoy loco señor juez, y no le quedó más remedio al juez que enviarlo al manicomio. Estando encerrado, Pedro Ureta formó un coro de locos y los sacaba los domingos a pedir dinero a los visitantes que no les quedaba más que apoquinar porque de lo contrario el “coro” con matracas y latas no dejaban conversar a la visita. Ríe, mientras da cuenta de su causa, le digo que cómo ve las elecciones actuales, me responde que Barnechea debe ganar, es el más centrado, aunque sea un tanto “plomo”, su hijo Gustavo Delgado Caferata, me cuenta que cuando Alfredo Barnechea estuvo en Panamericana, se venía abajo el rating en cuanto entraba. Yo anoto que en plena época militar, América lanzó un programa dominical con Alfredo que se titulaba "Contacto Directo", miro a Genaro, su cabello cano, su rostro que debiera estar marchito se le ve bien, me digo así mismo que buenas cremas debe usar o quizás se pone plasma.

No puedo evitar recordar que este hombre a sus cercanos noventa años trajo al Perú la televisión por cable, la telefonía celular e hizo de Panamericana un canal de performance mundial. Fue en su gestión que Simplemente María batió récord, se difundió en más de cincuenta países, otro éxito fue Nube Luz, que igualmente hasta en la China se vendió.

Genaro me pregunta a qué edad murió mi padre. Le cuento que a los 63 años, que este 8 de marzo cumpliría 96. Sí, pues, me contesta. Él era algo mayor y añade, su padre, Silva, fue una gran persona, era el empresario que traía a las figuras del espectáculo mundial, siempre nos llevamos bien, no quise ser impertinente y decirle que mi padre meses antes de morir me confió que Genaro le debía dinero de comisiones de publicidad. Callé.

Mientras voy hilvanando mis recuerdos a cada pregunta de este pionero de las comunicaciones, noto que él sigue haciendo planes, proyectando negocios, su lucidez es maravillosa, no usa lentes, ni audífonos, mastica bien, su problema es que no camina, pero como si estuviera en un carrito chocón, cada cierto tiempo juega con su silla, da vueltas, ríe, conversa, recuerda, y de pronto me dice: usted en mi canal cuando era panelista de Pulso que conducía Oscar Eduardo Bravo, me “pegó” fuerte y yo, no le dije nada, me acabo de acordar, usted siguió en el programa, es que yo soy un hombre acostumbrado a las críticas, soy un demócrata, tampoco me llama la atención, toda mi vida he sido así.

Hablamos de cuando trajo a Xavier Cugat con orquesta y show impresionante. Abbe Lane era su mujer, una chica muy bonita, recuerda. Menciona a Sonia Furió y Ana Bertha Lepe, y él, a su vez, nos narra otras historias de estos artistas.

En ningún instante se le ve sombrío, fastidiado, al contrario, luce bien, obvio que los años pesan y dejan huellas, pero él no se da por aludido, esquiva la muerte, ríe a la vida.

Nota que solo he almorzado un tiradito de salmón Come poco, me pregunta, no, respondo y pido un sudado que comparto con Oscar Eduardo.

La tarde empieza a cambiar de tono, el sol se va alejando. Agradezco a Oscar Eduardo y a Gustavo Delgado por el momento de poder charlar con este peruano de leyenda, innovador, inteligente, amado y odiado; me inclino tomo sus manos y le doy un beso en la frente como haría con mi padre si estuviera vivo. En voz baja le cuento que mi padre se me fue cuando empezaba a disfrutarlo, se despide con amabilidad y mientras nos alejamos mil recuerdos empiezan a remover mis sentimientos y me reafirmo cuando en el programa de Pulso le dije que lo admiraba, él no permitió que le quitaran su canal que con esfuerzo hicieron su padre y hermanos. Que diferencia con los amigos de América que vendieron lo que ellos no construyeron.

Juan Silva Vidaurre Juan Silva Vidaurre

Periodista. Hombre de radio y televisión. Aficionado a la gastronomía y experto cocinero.