El año que me marcó

Reflexiones personales de nuestra joven columnista que retorna con varias confesiones.

Publicado el: 07/01/2016 21:01

Uno de los mayores placeres de esta vida para mí es escribir. Poder plasmar todo lo que me da la gana, ser directa y sin anestesia como se dice. Algunos amigos me preguntaron por qué dejé de escribir… tuve mis momentos difíciles. El 2015 es uno de los años que más me marcó, me golpeó y a mis 26 años me costó salir adelante.

Hoy solo quiero reflexionar de una manera sencilla.

Del 2015 aprendí que no existe la familia perfecta. Ese concepto que tenía de la familia ideal, que me inculcaron mis padres de pequeña, nunca existió, porque mi familia también tuvo problemas de los grandes. De aquellos que te rompen el corazón y te sientes como un niño de 5 años que sólo quieres refugiarte en tu mundo de imaginación y no sentir el dolor de tu madre o tu padre.

Pero son cosas imposibles de evitar porque Dios sabe en qué etapa de nuestra vida pasan para hacernos más fuertes.

Del 2015 también aprendí que el trabajo ideal llega a tus manos en el momento menos esperado. Esa chambita tienes que cuidarla, tienes que dejar que te corrijan, tienes que poner más de tu iniciativa de lo que te piden, tienes que aprender a tener paciencia y soportar todo tipo de personas.

En el 2015 gané una nueva amiga, una persona sincera, tranquila que no guarda las apariencias, y ella sabe lo que vale y merece.

En el 2015 permanecieron a mi lado mis tres mejores amigas que están conmigo desde pequeña, que me conocen al revés y al derecho y siempre puedo pedir auxilio porque ahí estarán ellas.

En el 2015 mi hija mayor me empezó a reclamar por mi trabajo, porque no paso tiempo con ella, porque estoy todo el día ocupada y los fines de semana son cortos para estar juntas. Y este es un tema que con mucha paciencia he ido manejando, pero ahora entiendo que todo está en comunicarnos de la manera adecuada con nuestros hijos.

Camila sabe que estoy con ella, que puede contar conmigo, que soy su amiga, su cómplice y que todo el sacrificio que hago es por ella y su hermano. Probablemente en su cabecita, a sus 8 años de edad, no lo acepte por completo, y probablemente yo siga teniendo ese terrible sentimiento de culpa cada vez que la dejo, porque no puedo estar al 100 % con ella, pero en ese camino vamos aprender juntas.

En el 2015 también aprendí que el amor no se puede exigir, pero sí se puede dañar, que cuando el amor está muy maltratado es mejor dar un paso al costado. Sufrirás todos los días y pasará un buen tiempo para asumirlo, pero vivir en una relación tóxica ya no tiene sentido para nadie porque tu vida se vuelve en un infierno. Al final como dice la canción: “de amor nadie se muere”.

Ahora solo quiero seguir haciendo las cosas que me llenan por completo, enrumbar mi camino, darle sentido a la única vida que tengo. Dejar de quejarme porque no tengo plata o alguien me fregó el día. Todo eso queda atrás. Adiós. Chao.

Estoy decidida, me siento fuerte, y tengo a mis dos mejores motivos para salir adelante. Camila e Ignacio. Y si no tienes hijos, siempre debe haber un motivo por el cual luchar.

Todos necesitamos tiempo para sanar, para perdonar y aprender a perdonar, tiempo en el que debemos recuperar la felicidad que dejamos atrás, así de cursi suena, pero es real.  Además, ya se fue el 2015 y llegó un nuevo año.

Claudia Bravo Claudia Bravo

Periodista, madre y mujer fanática de la salsa clásica. Futura Doctora Bola Roja. Viajera y amante de la buena comida.