Democracia en crisis a sólo medio año de gobierno

La desconfianza se generaliza como un cáncer, y es tarea de los que dicen representar a la nación y sus ciudadanos hacerlo bien, de manera honrada.

Publicado el: 19/01/2017 14:01
Democracia en crisis a sólo medio año de gobierno

Como pocas veces en la historia democrática de nuestra patria, asistimos a una situación crítica, en la que un régimen elegido popularmente llega al medio año de gobierno zarandeado por la crítica de sus opositores, inconformes por no haber ganado los comicios, y envuelto a su vez en denuncias y cuestionamientos tanto desde el frente interno como el externo.

Existen dos casos en los últimos 60 años que podrían servir de comparación para el análisis. El del primer gobierno de Fernando Beláunde Terry, que asumió en 1963 una papa caliente, pues la democracia estaba en jaque por el autoritarismo militar (que le negó un año antes la posibilidad de ser Presidente de la República a Víctor Raúl Haya de la Torre), que fue defenestrado a poco de culminar su período por un golpe encabezado por el General Juan Velasco.

Y el segundo caso, protagonizado por el ex Presidente Alberto Fujimori, reelecto por segunda vez para un tercer período en el año 2000 (tras un autogolpe provocado por él mismo en 1992 para cambiar la Constitución y perpetuarse en el poder), que a los pocos meses de juramentar huyó a Japón y renunció ante las flagrantes evidencias de corrupción y crímenes que lo involucraban, junto a su asesor Vladimiro Montesinos.

El enrevesado proceso electoral vivido el año pasado, en el que se sacó de carrera candidatos, se permitieron alianzas ilegales que al final traspusieron la valla, se hicieron de la vista gorda frente a claras irregularidades de varios aspirantes, y en el que incluso hubo un postulante desde prisión, no podía augurar un gobierno que la tuviera fácil, ganara quien ganara.

El fujimorismo controla el Parlamento, y esa mayoría se comporta bastante obsecuentemente, aparentando con algunos gestos el querer coadyuvar a la gobernabilidad (las demoradas delegaciones de facultades y el voto de confianza al gabinete Zavala, ambos hechos con cortapisas, y el bastante tenso e hipócrita para mi gusto encuentro entre PPK y Keiko Fujimori en casa del Cardenal Cipriani), pero la entraña de su estrategia es clara. Boicotea, pone trabas, magnifica alguna denuncias, se la tiene jurada a varios ministros (ya se bajaron a uno).

Lo cierto es que prácticamente no existe un político que haya tenido alguna cuota de poder en los últimos decenios que pueda tirar la primera piedra a otros en temas de corrupción. Y el escándalo Odebretch, empresa que ha reconocido haber sobornado políticos peruanos por años, y que le ha costado al país más de un cuarto de millón de dólares en perjuicios desde el primer gobierno de  Alan García hasta la fecha, pasando por el fujimorismo que hizo 30 obras con ellos y su líder José Chlimper fue directivo de Graña y Montero, su asociada; el toledismo, el neoalanismo y el humalismo, y las gestiones municipales metropolitanas y de provincias, amenaza con destapar más nombres de involucrados, como acaba de hacer con varios allegados al ex presidente aprista y a los de Perú Posible y el nacionalismo.

Ni la izquierda se salva, no hay banderas que lavar ahora, pues durante el período municipal y el presidencial que auspiciaron en un principio, también hubo coimas. Se habla de unos tres millones entregados por allegados a Lula a Humala y Nadine Heredia. Y el propio Jefe de Estado actual deberá deslindar también su responsabilidad, habida cuenta que fue Presidente del Consejo de Ministros cuando se firmaron muchos acuerdos con la controvertida compañía internacional, durante el gobierno de Alejandro Toledo, y ya se sabe que el amigo de éste, Josef Maiman, fue uno de los beneficiarios de las coimas..

Sólo tres políticos han hablado claro en este escenario exigiendo transparencia e investigaciones y  sanciones efectivas. Dos de ellos, hay que decirlo, con credenciales de honradez a toda prueba a lo largo de décadas. Nos referimos al congresista del Frente Amplio, Manuel Dammert, y al Presidente del partido “Todos por el Perú”, Aureo Zegarra Pinedo, ambos ex diputados desde los ’80. Se ha sumado a ellos el ex candidato presidencial Julio Guzmán Cáceres en entrevista con La República.

En su caso, hay al parecer una intención proselitista, pues repite los argumentos de Zegarra (quien lo llevara como postulante presidencial el año pasado) ya que está a la búsqueda de firmas para construir el movimiento propio. Junto a otros como el ex parlamentario Manuel Benza, son lunares rescatables. No le creemos mucho a Marisa Glave, a la vicepresidenta Mercedes Araoz, y mucho menos a los líderes apristas y fujimoristas.

Lo de la suspensión del cobro para el Gasoducto y el peaje está bien, debe hacerse, pero no es en modo alguno lo único. Como tampoco declarar para las tribunas que la reparación exigua de 30 millones de soles que pagaría la millonaria empresa, es insuficiente. Si no se mete a la cárcel a quienes convirtieron a nuestro país desde el gobierno (cualquiera que sea su tinte) en un paraíso de arreglos bajo la mesa y “faenones”, y si no dejan sus cargos de inmediato quienes convivieron y aún conviven con corrupción en todas sus formas (debería agarrar esa flor también la presidenta del Congreso), hundiremos al Perú aún más en la inmoralidad, y no habrá gobierno futuro que nos saque de ese pozo.

No más compras sobrevaluadas a amigos, parientes o socios de quienes otorgan el visto bueno para que se hagan, no más cachetadas a la pobreza con computadoras, canastas navideñas, autos y estacionamientos de lujo, no más asesores y funcionarios que flotan gobierno tras gobierno haciendo sus negociados, no más tibieza en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia.

La desconfianza se generaliza como un cáncer, y es tarea de los que dicen representar a la nación y sus ciudadanos el hacerlo bien, de manera honrada, pues al fin y al cabo los contratamos con el voto para eso, y les pagamos más que bien para que nos rindan cuentas claras.

En ese sentido, al igual que quien nos representa como Presidente, los congresistas elegidos por la bancada fujimorista deberían dar ejemplo de madurez, y si es necesario desafiar mandatos de su lideresa para obstaculizar el gobierno. Petardear el país por pica esperando salvarlo en 5 años no es democrático, es el juego de los miserables. Y negarse a que la mayoría parlamentaria investigue los nexos de Odebrecht con el fujimorismo durante la década de los ’90, mientras su lideresa sale a palabrear que ellos si combaten la corrupción, es el colmo de la audacia y el cinismo.

Si los primeros seis meses de este régimen, al que también la naturaleza golpea fuerte con un calor insoportable y huaicos destructivos, han sido así de duros, los próximos años se adivinan muy complicados. Ojalá se instale la madurez entre los políticos, y piensen primero en el país, antes que en sus conveniencias.

 

 

 

Javier Alejandro Ramos Javier Alejandro Ramos

Analista político y crítico cinematográfico. Vicepresidente del Club de Periodistas. Secretario Técnico del Colectivo por una TV con Valores. Director de NoJodas.Pe y Los Puntos sobre las Jotas.