Radiografía de la política antidrogas peruana

El narcotráfico no tiene bandera política, no sigue más ideología que la de las ganancias, así mueran miles mientras se cierra el circuito del comercio, pues asume que siempre habrá más clientela.

Publicado el: 24/08/2016 05:08

Oscar Orlando tiene 14 años y vive prácticamente en la calle. Entre el muladar que es uno de los accesos a La Parada, centro de abastos mayorista de verduras y frutas para los mercados de Lima, y la covacha que habita su padre, dedicado a cargar bultos en ese lugar con una carreta a cambio de unas monedas. Su madre lo abandonó para irse con un drogadicto del Callao, que la indujo al vicio. Pero le dejó una herencia, un legado del que no puede sustraerse: Buscar como sea la dosis diaria que le haga ver menos sombrío su futuro.

Jorge Luis ha cumplido 16 años y no terminó el colegio. Se quedó en segundo grado de secundaria porque encontró un lucrativo negocio. Vender paquetitos de PBC (pasta básica de cocaína, trucada con talco de billar) o “pacos” (cigarros artesanales) de marihuana a los muchachos de las unidades escolares de la zona roja de La Victoria donde se mueve. 

Lo provee un “dealer” ya mayor, en un oscuro callejón donde parece habitar la miseria pero en verdad es una fortaleza  por las armas que esconde, y por la fortuna que pasa diariamente gracias al expendio de estas sustancias. Jorge Luis va todos los días a recibir sus mercancías y entregar dinero. Tranquilo, sin temor. La Policía prefiere ni enterarse porque temen salir heridos si incursionan, o porque los jefes están “arreglados” con la plata de la droga.

Toño vive en la exclusiva zona de La Molina y tiene 19 años. Va a la prestigiosa Universidad de Lima, donde estudia para un día ser gerente de una empresa. También consume drogas, como Oscar Orlando, pero paga buen dinero por ellas, en las discotecas de las playas del sur donde hay buenas olas, licor fino y bellas muchachas.

La paradoja es que podría tenerlas gratis, pues su padre es el capo que surte a los “dealers” del Callao, La Victoria y La Parada, y jamás le pasará nada porque tiene “conexiones” políticas. Es amigo y financista de campaña no de uno, sino hasta de tres congresistas. Pero le da a su hijo lo mejor: un buen estudio, un lujoso auto, y los billetes que quiera para que viva como príncipe. Quizás un día lo suceda en el trono.

Este es un resumen de la política antidroga del Perú, y con algunas ligeras variantes, de gran parte de los países de Centro y Sudamérica. Descarnado pero real, sin el maquillaje de las cifras oficiales, y a la vez radiográfico de las incongruencias que la vida tiene. Como incongruente es ver en los titulares de los más importantes diarios de Lima (impresos o virtuales), el mismo año, noticias que dicen, en uno:  “La exitosa política antidrogas” (El Peruano, 28 de abril del 2016: http://www.elperuano.pe/noticia-la-exitosa-politica-antidrogas-40463.aspx ), y en otro: “La ineficaz política antidrogas actual en el Perú” (http://www.parthenon.pe/editorial/la-ineficaz-politica-antidrogas-actual-en-el-peru/) de Parthenón, 20 de junio del 2016.

Al asumir el gobierno del Perú el ex presidente Ollanta Humala en el 2011, su primer ministro, Salomón Lerner, anunció un cambio en la estrategia de la política antidroga. El diario El Comercio reseñó que el nuevo enfoque de la lucha contra el narcotráfico propuesto por el entrante régimen sería “ideológico”, mientras que expertos en la materia precisaron que tal afirmación era minimizar la política de erradicación de campos de cultivo de coca y su conversión en sembríos alternativos, que el nuevo gobierno consideraba “fracasada”. Si nos ajustamos a lo real, sólo se erradicaba en una de 14 regiones donde existen cultivos ilegales. (http://elcomercio.pe/politica/gobierno/politica-antidrogas-cambia-estrategia-peru_1-noticia-1324259).

Cuatro años después, en el 2015, de nuevo las incongruencias. Según dio cuenta el diario La República en su edición del 12 de noviembre del 2015, un cónclave de especialistas de 34 países recibió la buena nueva de parte de DEVIDA (Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas) y del entonces Ministro del Interior, José Ignacio Pérez Guadalupe, de que entre los años 2011 y 2015 en el Perú se redujeron por erradicación más de 100 mil hectáreas de cultivos cocaleros:(http://larepublica.pe/impresa/politica/717820-gobierno-defiende-la-eficacia-en-la-aplicacion-de-su-politica-antidrogas).

El mismo día, tomando estas cifras oficiales, pero sin detenerse a mirar la realidad de la miserable vida del adicto Oscar Orlando, de Jorge Luis y su “dealer”, como de Toño y el capo que es su progenitor, la OEA declaró que el Perú era “un ejemplo para el mundo” en lo referido a política antidroga:  http://laprensa.peru.com/actualidad/noticia-peru-narcotrafico-drogas-54680

Que existen detenciones de dealers y algunos capos, es cierto. Como también de muchos consumidores, muy pocos de los cuales reciben atención para toxico dependientes. Pero la verdad  es que la política antidroga peruana navega, ya desde los años ’80 (durante los gobiernos de Fernando Beláunde de 1980 a 1985, y Alan García, de 1985 a 1990) en un mar picado donde la debilidad por un lado, y la corrupción por el otro, la convierten en una broma cruel si nos atenemos a las optimistas cifras que los subsiguientes regímenes (de Alberto Fujimori de 1990 al 2001, de Alejandro Toledo del 2001 al 2006, nuevamente de García Pérez del 2006 al 2011, y el del ex presidente Humala, del 2011 hasta julio de este año) han querido vender a los auditorios nacionales como internacionales.

Pese al cierre y/o destrucción de casi un millar de pistas de aterrizaje clandestino para las narco avionetas, a leyes de interdicción sobre los insumos químicos utilizados para elaborar drogas de alta pureza, a las detenciones, a la confiscación de toneladas de estupefacientes, y a un mayor presupuesto estatal para la erradicación como para los cultivos alternativos, muchas de estas buenas intenciones no son suficientes.

En el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), y en el Alto Huallaga, como en Tocache y Uchiza, pese a la instalación de bases policiales y a la presencia de proyectos financiados por la embajada de los Estados Unidos, se sigue sembrando coca, se sigue elaborando droga a vista y paciencia de las autoridades, y desde ahí se sigue distribuyendo a nivel nacional e internacional, moviendo cifras de múltiples ceros en dólares.

La droga peruana se exporta a Norteamérica y Europa a través de “burriers” o “mulas”, mientras que la de menor calidad va para la micro comercialización que hace Jorge Luis desde el punto de su “dealer”, o a las calles de la Parada donde roba Oscar Orlando para conseguirla, o a las discotecas del lujoso balneario de Asia donde el capo de Lima las pone, para que su hijo Toño las compre.

El narcotráfico no tiene bandera política, no sigue más ideología que la de las ganancias, así mueran miles mientras se cierra el circuito del comercio, pues asume que siempre habrá más clientela. Por eso es que es el principal enemigo de democracias sensibles y frágiles como la peruana.

Gracias a investigaciones recientes, se ha probado que los tentáculos de esta ilegal actividad han corroído en su beneficio el interior de los partidos políticos. De unos años a la fecha ya no sorprenden las noticias referidas a que un candidato al Congreso, a una Presidencia Regional o una Alcaldía, tiene vínculos con redes de comercio de drogas.

Tanto lo hemos escuchado que ya parece normal, y hechos como que una vez se hallara droga en el mismísimo avión que usara el ex Presidente Fujimori (174 kilos de cocaína en un Douglas DC 8, el año 1996), o en el almacén del que es propietario su hijo (hoy congresista), o que se haya señalado que uno de los principales financistas de la candidatura presidencial de su hija es investigado por la DEA debido a lavado de activos, presumiblemente provenientes del narcotráfico, son titulares de medios de comunicación por un tiempo, hasta que la maquinaria de ese poder que corrompe todo encuentra una nueva cortina de humo para distraer a la gente.

En los comicios regionales y municipales del 2014, el Jurado Nacional de Elecciones informó  que al menos 124 candidatos a ser autoridades locales tenían vínculos probados con el narcotráfico: (http://larepublica.pe/13-08-2014/identifican-a-23-de-los-124-candidatos-vinculados-al-narcotrafico). La lista le fue proporcionada por el entonces Ministro del Interior, Daniel Urresti.

En las elecciones  presidenciales y congresales de hace unos meses, según el experto Jaime Antezana, unos 47 candidatos al Parlamento  tenían conexiones con el narcotráfico, y que 17 de ellos estaban en la lista de Fuerza Popular, liderada por Keiko Fujimori: http://www.radiosanborja.com/actualidad-rsbj/nacional-rsbj/43101-jaime-antezana-denuncia-la-presencia-de-47-candidatos-al-congreso-vinculados-al-narcotr%C3%A1fico.html.

A fines de abril de este año, sostuvo que 21 de estos narco candidatos llegaron a convertirse en legisladores para el período 2016-2021, y que serían 14 de la fujimorista Fuerza Popular, 3 de Alianza para el Progreso del empresario César Acuña, 1 de la Alianza Popular formada por el APRA y el Partido Popular Cristiano, 2 del gobernante Peruanos por el Kambio y 1 de la coalición de izquierda Frente Amplio: http://rpp.pe/politica/elecciones/jaime-antezana-denuncia-eleccion-de-21-narcandidatos-en-el-congreso-noticia-955438.

Antezana detalló además que entre los casi 20 postulantes a la Presidencia de la República, al menos hubo tres narco candidatos, con fortunas personales y campañas de marketing financiadas por los capos de la droga, que buscan protegerse: http://www.capital.com.pe/actualidad/en-el-peru-existen-narcocandidatos-responde-jaime-antezana-noticia-845712 . Todo esto revela que por más que se firmara un Compromiso Ético contra el Narcotráfico por parte de varias instituciones, incluidos los partidos políticos, para verificar las hojas de vida de los postulantes y denunciar situaciones como las descritas, el asunto no pasó de ser, como decimos aquí, un saludo a la bandera sin mayores consecuencias.

Según se ha comprobado tras una rápida hojeada a los diarios latinoamericanos, la preocupación por la asunción al poder de un presidente que haga de su patria un narco estado, es una amenaza real y cada vez más probable. Y es importante señalar que si Estados Unidos no fuera el gran mercado de consumo que es para las drogas, muchas de las mafias o carteles latinoamericanos no tendrían razón de ser. De ahí que la política antidroga debe ser una herramienta cooperativa con ese país, en el papel la más grande potencia mundial, pero con tantas fisuras en este aspecto que han conseguido que la lucha contra el narcotráfico sea muchas veces sólo declarativa.

Para el caso peruano, se espera el nombramiento que haga el nuevo Jefe de Estado, Pedro Pablo Kuczynski, del Jefe de la Comisión Antidrogas, denominado “Zar”, para tener una idea de cuál es el norte a seguir en este rubro.

En abril pasado hubo una sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, para analizar los retos de la población mundial en materia antidroga de cara a los próximos años. Como recordó el especialista en temas de narcotráfico, Pedro Yaranga, en un artículo publicado en El Comercio (http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/nuevos-retos-politica-antidrogas-pedro-yaranga-noticia-1897953), hace 40 años la entonces Comisión de Estupefacientes de la ONU se fijó como meta erradicar la producción y tráfico de drogas en todo el mundo en el 2019. A menos de un lustro de ese plazo, es evidente que el objetivo no se logrará.

 

Javier Alejandro Ramos Javier Alejandro Ramos

Analista político y crítico cinematográfico. Vicepresidente del Club de Periodistas. Secretario Técnico del Colectivo por una TV con Valores. Director de NoJodas.Pe y Los Puntos sobre las Jotas.