José Matos Mar, presente

Durante dos siglos de vida republicana, el Perú ha vivido una dolorosa fractura entre Estado y nación. ¿Quién decía eso? Pues, José Matos Mar. Aquí una columna en homenaje al ilustre antropólogo ayacuchano.

Publicado el: 07/08/2015 20:08
José Matos Mar, presente

Tuve que escuchar el violín de Máximo Damián Huamaní, ese amigo querido que nos dejó hace poco tiempo, para entender a cabalidad la muerte de un intelectual coracoreño que investigó, tanto como Arguedas, la cultura andina, que auscultó los procesos de migración que se sucedieron veloces, en el país, desde la década de los cincuenta del siglo pasado, que no se equivocó al advertir, por esas épocas, que en el Perú, y en Lima, en particular, se gestaba lo que denominó el desborde popular. Tuve que escuchar Agonía del maestro Damián para entender que había muerto José Matos Mar, ilustre antropólogo peruano que dio luces a muchas generaciones para comprender a este Perú desgarrado y desintegrado, todavía.

No fui amigo de Matos Mar, tampoco fue mi maestro en la universidad, pero siempre me sentí identificado con su pensamiento, respecto de la necesidad de mirar sin anteojeras a las diversas culturas nacionales, especialmente, aquellas que habitan en las serranías de nuestra cordillera. Y leí con especial afecto sus obras, sus diversos ensayos, sus propuestas que nos aproximaban a comprender ese fenómeno social de las migraciones provincianas, porque yo me sentí parte de ellas.  Releí una y otra vez “Las barriadas de Lima”, para comprender por qué se formaron los cordones humanos que se instalaron en la periferia de Lima, hasta lo que hoy son los pujantes conos, exitosos empresarialmente. Con él entendí mejor la reforma agraria del general Velasco Alvarado que devolvió la dignidad al campesino. Matos Mar fue un intelectual a quien respeté, desde mi distancia lucanina. Me sentí realizado de saber que un ayacuchano más triunfaba en el mundo de las letras, era un maestro que ofrecía ideas, un guía de generaciones jóvenes, ávidas de entender al país real.

Esta mañana me llegó la noticia que, en verdad, uno nunca desearía que llegue. José Matos Mar, de 93 años, ya no estaría más con nosotros. El destino había previsto que el momento de partir a la eternidad, le había llegado. No había otra cosa que hacer. Había que tomarlo de esa manera. Él se iba para habitar en la memoria de los peruanos de bien y en el corazón de ayacuchanos, huancavelicanos, apurimeños, cusqueños, ancashinos y un largo etcétera nacional.

Seguramente sonrió, en su último estertor de vida, porque él siempre sonreía cuando hablaba de lo suyo, que era el Perú profundo. La última vez que lo vi, lucía el peso de sus años. Caminaba, lentamente, de la mano de un familiar. Fue en la Asociación Departamental Ayacucho, en las jornadas ayacuchanas del año pasado. Allí improvisó unas palabras para recordarnos que los provincianos tenemos la obligación moral de construir una patria diferente, sin exclusión ni injusticia social. Al terminar, me acerqué para agradecerle por su aporte intelectual y le dije, a modo de lisonja, que nos había propuesto casi una utopía. Los ayacuchanos no soñamos con utopías, construimos realidades, aunque parezcan sueños, me respondió. Fue lo último que le escuché a este gran señor que ahora deber estar reposando junto a las estrellas de Coracora, la tierra que lo vio nacer. Comparto con ustedes, las últimas imágenes que le grabé en las jornadas ayacuchanas.

(Foto: Andina)

 

 

Edwin Sarmiento Edwin Sarmiento

Periodista y profesor universitario. Ha dedicado las dos terceras partes de su existencia al periodismo político y a la asesoría de imagen. Fue convocado para asesorar a Ministros de Estado y líderes políticos, en distin