¿Qué busca Humala en Islay?

Las muertes y las decisiones del gobierno en medio de un proyecto minero que está cuestionado desde todos los frentes.

Publicado el: 25/05/2015 15:05

Decir que el conflicto provocado por el proyecto Tía María se ha vuelto inmanejable para el gobierno del señor Humala, es una verdad de Perogrullo. Lo saben tirios y troyanos, es decir quienes lo promueven y los que se oponen a él y lo confirma la terca realidad que día a día desde hace casi dos meses nos muestra su magnitud expresada en las movilizaciones que no solo comprometen a los directísimamente implicados sino también a buena parte de la región sur, que ha anunciado un paro general de 48 horas en solidaridad con la gente del Valle del Tambo, los próximos 27 y 28 de los corrientes.

Decir que un pequeño grupo de “terroristas antimineros” es responsable de las movilizaciones en repudio al proyecto Tía María, no sólo es una carencia ominosa en el análisis político perpetrado por los voceros del humalismo y los medios afines que lo repiten cacofónicamente, sino peor aún, una falta de respeto al pueblo de Islay, al que ese análisis presume de carente de inteligencia, que se deja conducir acríticamente por un puñado de malvados. Además, supone que todos los peruanos vamos a dar por cierta esa explicación que oculta de manera grosera el compromiso y sumisión del gobierno humalista a la Southern para imponer su proyecto por el terror.

Sólo por esa grave ofensa al pueblo de Islay y por extensión a los pueblos que los apoyan y del país en general, deben ser cesados Humala, sus ministros y ese congreso con poquísimos dignos parlamentarios.

¿Que busca el señor Humala en ese contexto? Imponer a sangre y fuego un proyecto malquerido por la población de la provincia de Islay, un proyecto lleno de sangre, odio y dolor desde su génesis; recordemos que éste gobierno, en el período de movilizaciones actual ya tiene 4 muertos, más dos en el periodo de García. Muertos que no son estadísticas sino hombres concretos, con familia, con hijos en la orfandad, con querencias y esperanzas, brutalmente interrumpidos y que han causado un daño irreparable llenando de dolor y frustraciones a esas familias que por siempre los recordarán y maldecirán el proyecto. Esas familias pasarán, acaso, a formar el contingente de los “antimineros terroristas” en la nueva categorización del “crimen” establecida por los voceros de la derecha. Esa derecha a estas alturas incalificable.

¿Qué busca señor Humala? Decirles a los pueblos del Perú, “que el estado de derecho se cumple” a pesar de la barbarie y el crimen que provoca. Y que los terroristas antimineros o antipetroleros o antiperuanos o se allanan o son asesinados. No señor Humala, debe usted saber que el famoso “estado de derecho” que esgrime usted como bandera es el pretexto de los ricos para imponer a los pueblos, la dictadura del dinero y la usura que les es propia. Pues bien, el verdadero Estado de Derecho es el consenso que alcanzan los pueblos libres para autogobernarse según sus intereses, en el marco del respeto mutuo. Los pueblos inventaron la regulación de las relaciones sociales, por si usted no lo sabe, el derecho consuetudinario, que es el soporte de las relaciones jurídicas modernas, con mayor énfasis en territorios que son compartidos por naciones de culturas diversas, como el nuestro.

El ejercicio de la violencia, potestad de los Estados, se ejerce sólo y tan sólo en ese marco señor Humala, es decir en el marco del derecho de los pueblos para proteger sus intereses y cultura frente a extraños, que pretenden desconocerlos y arrasarlos como es el caso de los “peruislayinos”, que no solo defienden sus derechos y cultura, sino al Perú en su conjunto, al que usted debe defender por obligación, con honor y valentía, pues ha sido formado como soldado, con el peculio de esos y todos los peruanos, para asumir, precisamente ese rol, frente a amenazas de terceros, como es el caso de los intereses extranjeros presentes en Tía María.

También cabe  recordarle señor Humala, que como presidente de la República usted apenas es un servidor a sueldo -bien remunerado y con las dignidades que el pueblo le confiere-. Usted es libre de servir a costa de su propia dignidad (si la tiene aún) a los dueños del dinero, pero no siendo servidor de los pueblos del Perú. Renuncie ahora, múdese con sus patrones, si desea.

Señor Humala, lo que usted quiere nos importa un bledo a los peruanos, pues no nos representa más. No puede representarnos quien ha sido incapaz de defender a la patria como soldado y peor aún como gobernante cuya encargatura recibió con la expresa finalidad de defender los intereses del pueblo peruano y que con solemnidad juró defenderlos por la Constitución de 1979, frente a todos los peruanos y lo invitados extranjeros para ese acto, el 28 de julio de 1911. No puede defendernos quien expresamente ha renunciado a tal honor para ponerse de rodillas frente al poder del dinero.

Lo que quiere Humala nos importa un bledo, pues de manera reiterada y artera ha traicionado la esperanza de un pueblo que confió en él, no como persona, sino como parte de un colectivo que ofertó un programa de gobierno cuyo propósito era centralmente la defensa de la vida, puesto que libertad, mejor educación, salud, trabajo digno solo tienen sentido y concreción si se cumple a cabalidad el propósito de defender la vida.

Chau Humala y Castillas, Seguras, Caterianos, Pérez Guadalupes y Belaundes Lossios. Chau a un lustro preñado de esperanzas. Solo la lucha y consecuencia de los pueblos preservará nuestras culturas y la certidumbre de un nuevo amanecer. Salud y gloria a los hijos del país que caen en batalla.

Marcibal Rojas Marcibal Rojas

Sociólogo, en los ratos libres, iconoclasta e inconforme, a tiempo completo. Analista de la realidad común y silvestre.