La encrucijada de la izquierda

Las elecciones generales del próximo año, motivan algunas reflexiones por la presentación en dicho proceso de colectivos de izquierda. Lamentablemente esa aparición no es auspiciosa, por las consideraciones que anoto.

Publicado el: 13/04/2015 16:04

Los peruanos estamos frente a un nuevo proceso electoral que definirá el colectivo, a la cabeza del Presidente de la Nación, que gestionará la administración del Estado desde el 28 de julio de 2016, durante el subsiguiente lustro. Como viene ocurriendo en las últimas décadas, organizaciones y movimientos políticos y quienes alucinan que tienen los recaudos y pergaminos para hacerse de tamaña tarea, recurren a todos los artilugios para llegar al punto de partida.

Entre los movimientos y organizaciones políticas, destaca un colectivo que viene haciendo noticia desde hace unos meses, para hacerse presente en el partidor. Ese colectivo lo conforman personas y grupos que se autoubican en el espectro político de izquierda. La noticia esta vez la constituye el hecho que la izquierda peruana como tal no está presente en contiendas electorales en el Perú desde 1985, es decir hace 30 años. En ese período, grupos y personalidades identificadas como de izquierda, han acompañado, como socios menores a candidatos que llegaron a ser presidentes.

Es pertinente recordar que en la década de los 80’, la izquierda peruana, que alcanzó su mayor esfuerzo como colectivo (digo colectivo, no organización, mucho menos partido político, pues nunca lo fue) estuvo considerado a nivel continental, el más promisor e influyente movimiento de masas en la región. Esa expectante posición la logró porque confluyeron una serie de factores, propios de esa época y circunstancias, como un entorno internacional favorable (el coletazo de la Revolución Cubana, que hizo posible el triunfo del FSLN en Nicaragua con Ortega; regímenes militares fuera del libreto: como Torrijos en Panamá, Roldós en Ecuador, JJ Torres en Bolivia; la derrota de EE.UU. en Vietnam; la Revolución de Mayo en Francia y la irrupción de los militares progresistas en Portugal que expulsaron a la dictadura de Salazar, entre otros hechos relevantes) e internamente, un repudio popular a la dictadura de Morales Bermúdez, que lo obligó a convocar a elecciones. Todo ello contribuyó a la politización y participación de la juventud, principalmente universitaria, pero también al movimiento obrero y campesino, beneficiarios de las reformas progresistas del gobierno de Velasco. 

Ese capital  fue rápidamente dilapidado por las dirigencias del colectivo Izquierda Unida, por su impericia política, pero sobre todo por el narcisismo de algunos líderes y la estupidez que nos acompaña desde siempre y ha sido la peor de las rémoras humanas que ha impedido e impide que tengamos un mundo más vivible. En menos de un lustro se fue, por el desagüe de la historia, esa hermosa experiencia.

Que nos espera ahora, a quienes seguimos aspirando románticamente, a tener una sociedad menos confrontada y más equitativa, abierta al diálogo y debate provocador, pero fructífero que nos encamine de manera cierta a tener, por fin una Nación, por fin un sueño y sobre todo, a la posibilidad de concretarlo juntos. Todas las sangres en el decir arguediano. Parece que las esperanzas cada vez son más tenues y frágiles y se diluyen irremediablemente en el torrente de lo absurdo.

Marcibal Rojas Marcibal Rojas

Sociólogo, en los ratos libres, iconoclasta e inconforme, a tiempo completo. Analista de la realidad común y silvestre.